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Ignacio Ferre nos desvela las claves para el control de la coccidiosis en el ganado ovino.

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Continuamos con nuestro especial sobre pequeños rumiantes para, en esta ocasión, conversar sobre coccidiosis con todo un experto como Ignacio Ferre. Ignacio Ferre es profesor titular en la Facultad de Veterinaria de la Universidad Complutense de Madrid y atesora una amplia experiencia en el campo de las parasitosis de los rumiantes.

Producción Animal: ¿Qué entendemos por coccidiosis en el ganado ovino?

Ignacio Ferre: Este término se emplea generalmente para denominar a la infección producida por varias especies de protozoos del género Eimeria, que se desarrollan en el intestino de las ovejas y que cursa con signos clínicos digestivos, principalmente en los animales más jóvenes.. 

P. A.: ¿Qué especies de Eimeria son las más patógenas?

I. F.: De las once especies que parasitan al ganado ovino, las más importantes son Eimeria ovinoidalis, que es considerada la especie más patógena, seguida de Eimeria crandallis y de Eimeria ahsata. Las infecciones regulares con una mezcla de especies son frecuentes a lo largo de la vida de las ovejas, causando una contaminación ambiental con ooquistes que se transmitirán a los animales jóvenes. Las infecciones mixtas incluyendo entre tres o más especies de Eimeria son muy frecuentes.

P. A.: ¿Cómo se produce la infección?

I. F.: La infección se produce al ingerir ooquistes esporulados adheridos a la ubre de la oveja o presentes en la paja de la cama o en el pasto. Como el contagio es fecal-oral, el sistema de explotación tiene una gran influencia en la aparición del proceso, siendo otros factores importantes, además de la especie de Eimeria, la dosis infectante, la tasa de infección, el estrés que supone cambios en la dieta, el frío o la sed; y también la falta de higiene.

P. A.: ¿Qué efectos tiene sobre la producción?

I. F.: La cría intensiva puede facilitar que la coccidiosis se convierta en un proceso clínico que cause pérdidas económicas significativas. Estas están asociadas a mortalidad, retraso en el crecimiento y gastos veterinarios y farmacológicos. Sin embargo, existen otras pérdidas difícilmente cuantificables como son las alteraciones en el desarrollo del animal, la mala conformación de la canal, la pérdida del apetito o la reducción de la tasa de conversión del alimento. Además, como cualquier otro factor debilitante, puede causar inmunodepresión haciendo que la aparición de otros procesos infecciosos sea más frecuente, como infecciones bacterianas concomitantes, nematodosis o miasis. Las diferencias en el desarrollo entre los animales que han sufrido la enfermedad y los que no, pueden persistir durante largos periodos e incluso en animales de reposición ser permanentes.

P. A.: ¿Cuál sería el cuadro clínico típico de una infección por Eimeria?

I. F.: El cuadro clínico es bastante inespecífico, no siendo ninguna de sus manifestaciones clínicas patognomónica, ya que existen otras enfermedades que pueden cursar de forma similar. Se consideran signos clínicos compatibles con la coccidiosis la diarrea, fiebre, inapetencia, alteraciones del vellón, dolor abdominal, pérdida de peso y la anemia. Podríamos sospechar de coccidiosis cuando se diagnostica diarrea en corderos de 3-6 semanas o en aquellos animales concentrados en lotes de cebo; y si en las heces se excretan cantidades elevadas de ooquistes con predominio de las especies más patógenas. Hay que destacar que algunos animales sin signos clínicos pueden eliminar cantidades elevadas de ooquistes y que con el progreso de la infección, la excreción de ooquistes desciende considerablemente. 

P. A.: ¿Por qué resulta tan complicado eliminar los ooquistes?

I. F.: Las especies de Eimeria son muy ubicuas en las explotaciones ovinas. Los animales adultos actúan como portadores inaparente, contaminando continuamente el medio. Los animales jóvenes, muy receptivos a la infección, eliminan numerosos ooquistes en sus heces. Por último, los ooquistes esporulados tienen una gran resistencia frente a las agresiones ambientales o algunos desinfectantes, pudiendo mantenerse en el medio durante meses o incluso más de un año.

P. A.: ¿Cuáles son los factores de riesgo asociados a esta parasitosis?

I. F.: La cría intensiva, el hacinamiento de los animales, las condiciones higiénico-sanitarias deficientes o cualquier causa de estrés son factores de riesgo en esta enfermedad. La mayor concentración de ooquistes normalmente aparece en zonas donde hay alta densidad de animales, como pequeños pastizales, bebederos, comederos, bloques de sal o zonas de sombra en verano. Los corderos se infectan por ooquistes excretados por las madres, ooquistes excretados por otros corderos, o también por ooquistes del año anterior que han sobrevivido en el pasto. Normalmente, la primera infección se produce durante las primeras semanas de vida por los ooquistes eliminados por las madres, que actúan como portadores inaparentes, en cantidades relativamente bajas. Un par de semanas más tarde los corderos eliminarán grandes cantidades de ooquistes al medio, siendo además este periodo en el que los animales son más sensibles a la enfermedad.

P. A.: ¿Cuál es el ciclo vital del parásito?

I. F.: El ciclo biológico es directo de hospedador a hospedador, mediante la ingestión de ooquistes que se eliminan en las heces y esporulan en el ambiente. La capacidad de multiplicación del parásito es muy alta, ya que cada ooquiste ingerido puede dar lugar hasta 30 millones de ooquistes excretados con las heces. Es importante destacar que los ooquistes que se eliminan con las deyecciones no están esporulados y, por tanto, no son todavía infectantes. Para ello, deben esporular, proceso que tarda entre dos y siete días dependiendo de la especie y las condiciones ambientales. Otro aspecto a tener en cuenta es que la infección es autolimitante, es decir, no se prolongaría indefinidamente en ausencia de reinfección. Sin embargo, lo que sucede en la práctica es que los animales están expuestos continuamente a reinfecciones, por lo que el desarrollo de cierto grado de inmunidad por parte del hospedador tiene más importancia para controlar la infección que el hecho de que esta sea autolimitante. También hay que resaltar que, en ocasiones, un animal puede presentar diarrea sin que se detecten ooquistes en las heces. Esto se debe a que tras una ingestión masiva de ooquistes y antes de que se produzca el ciclo sexual del parásito, ya se ha causado un daño importante a las células epiteliales del intestino.

P. A.: ¿Cuáles son, en su opinión las medidas de control más recomendables?

I. F.: El control debe basarse en la instauración de medidas higiénicas adecuadas en el periodo de partos y en el destete; y en el uso de fármacos anticoccidiósicos. En casos clínicos graves se debe aplicar en primer lugar un tratamiento sintomático para corregir la diarrea y las alteraciones hídricas y electrolíticas, acompañado después de un tratamiento específico de la enfermedad para eliminar los parásitos. Además es conveniente la administración de antibióticos para evitar infecciones secundarias. El tratamiento etiológico de la infección más utilizado son las sulfonamidas por vía parenteral que se administran durante 3-5 días. Respecto al tratamiento preventivo, el uso del decoquinato, un fármaco sin periodo de supresión y que se administra en el pienso, está muy extendido. Puede utilizarse en los corderos administrado en el pienso de las madres o también incorporado al pienso de los corderos. En ambos casos se recomienda que el tratamiento dure al menos 28 días. El diclazuril, un coccidiocida administrado por vía oral, ha demostrado ser muy efectivo y no tiene periodo de supresión. El tratamiento con diclazuril interrumpe el ciclo de Eimeria y la excreción de ooquistes durante aproximadamente dos semanas. Esto permite al animal superar el período de descenso de la inmunidad maternal que sucede aproximadamente a las cuatro semanas de edad. En la actualidad también se usa el toltrazuril debido a su alta eficacia, pero tiene un periodo de supresión largo, de hasta 42 días. Se utiliza para la prevención de los signos clínicos de la coccidiosis y la reducción de la difusión de la enfermedad entre los corderos. Actúa contra todas las fases de desarrollo intracelular de los coccidios, por lo que el modo de acción es coccidiocida*. 

P. A.: ¿Existen vacunas frente a la coccidiosis ovina?

I. F.: No existen vacunas comerciales frente a la coccidiosis ovina. Sin embargo, podrían diseñarse de manera análoga a las ya existentes frente a las coccidiosis aviares. Téngase en cuenta que la mayoría de los animales mayores de un año adquieren inmunidad específica frente a reinfecciones con las especies más patógenas. La inmunidad no es absoluta, pero puede prevenir la presentación de episodios clínicos de la magnitud de la infección inicial, por ello rara vez una especie de Eimeria causa enfermedad dos veces en un animal sano. Además, se ha demostrado que los corderos nacidos en rediles con una contaminación por ooquistes no muy elevada, mostraron mayor ganancia de peso. Esto se ha interpretado como que cierto grado de contaminación ambiental estimula la inmunidad de los animales y hace que los efectos de posteriores infecciones sean menos intensos.

P. A.: ¿Qué medidas higiénicas y de manejo deben considerarse?

I. F.: Las medidas higiénicas son esenciales para evitar la coccidiosis clínica. Unas buenas instalaciones con los comederos y bebederos con la altura adecuada, camas limpias y secas o la utilización de suelo de rejilla cuando sea posible reducen considerablemente la aparición y la gravedad de las coccidiosis. Si cuando se limpian las instalaciones se pretende eliminar los ooquistes, es recomendable utilizar productos antisépticos o vapor de agua. Además, existen una serie de recomendaciones en el manejo de los animales, como evitar el hacinamiento de los corderos, tanto en los corrales de cría como en los lotes de cebo posteriores; evitar el uso de locales que hayan sido previamente ocupados por animales adultos o corderos portadores o enfermos si no han sido desinfectados previamente y la cama no se ha sustituido; no mezclar animales de diferentes edades; separación de animales sanos y enfermos y la renovación periódica de la cama. Hay que evitar también, en la medida de lo posible, los factores de estrés y procurar una adecuada nutrición de la madre y de los corderos. Como ocurre con otras parasitosis, en la práctica es imposible eliminar por completo los coccidios de una explotación, pero sí es posible mantenerlos en unos márgenes en los que no supongan un problema económico poniendo en práctica las medidas mencionadas.

*Debe recordarse que la principal vía de excreción del toltrazuril es a través de las heces y que se ha demostrado que su metabolito principal es un compuesto persistente (vida media de más de 1 año), móvil en la tierra y tóxico para las plantas. Por ello, los corderos estabulados en explotación intensiva no deben tratarse después de las 6 semanas de vida o cuando pesen más de 20 kg. Además, el estiércol de estos animales únicamente podría esparcirse en la misma zona de laboreo cada tres años.

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