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Valentín Pérez

Descubrimos todas las claves de la paratuberculosis de la mano de Valentín Pérez

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Recientemente, la redacción de Producción Animal ha tenido la oportunidad de conversar sobre la problemática de la paratuberculosis en pequeños rumiantes con Valentín Pérez, Profesor de la Facultad de Veterinaria de la Universidad de León y auténtico experto en la materia; que nos desvela todas las claves para el control de esta enfermedad.

Producción Animal: ¿Qué bacteria es la responsable de la paratuberculosis?

Valentín Pérez: La paratuberculosis está causada por una bacteria que pertenece al género Mycobacterium. Aunque inicialmente se consideró como una especie propia, denominándose Mycobacterium johnei o Mycobacterium paratuberculosis, en la actualidad se reconoce como una subespecie dentro del género Mycobacterium avium: Mycobacterium avium subspecies paratuberculosis (Map). Dentro de este mismo género, se encuentran los agentes de la tuberculosis en rumiantes (Mycobacterium bovis en vacuno o Mycobacterium caprae en cabras) o en aves (Mycobacterium avium subsp. avium), bacterias con las que comparte determinantes antigénicos que son la causa de que haya reacciones cruzadas en algunas pruebas de diagnóstico de la tuberculosis, y por lo tanto de la aparición de falsos positivos en algunos casos. 

Map es una micobacteria considerada como de crecimiento lento, porque aunque se puede aislar en laboratorio, se requieren al menos 4 semanas para poder observar colonias bacterianas en medios de cultivo tradicionales. En el caso de las cepas de pequeños rumiantes, el tiempo necesario puede ser mayor, incluso hasta de varios meses. De forma rápida, en uno o dos días, se puede identificar Map en muestras orgánicas (heces, tejidos, leche, sangre, etc), mediante técnicas de biología molecular (PCR), al detectar y amplificar la secuencia de inserción IS900, específica de Map. Actualmente, existen incluso kits comerciales, para poder llevar a cabo este procedimiento. 

P. A.: ¿Qué características de esta bacteria son las que le permiten permanecer en el medio y dificultan su eliminación?

V. P.: Al igual que otras micobacterias, Map tiene una pared muy gruesa, con un alto contenido en lípidos, que la hace muy resistente a muchos productos desinfectantes y a condiciones ambientales adversas. Al ser eliminada por las heces, Map suele quedar protegida por materia fecal y, en estas circunstancias, es resistente durante mucho tiempo a la desecación o al calor. Se ha comprobado que puede ser viable durante casi 300 días en las heces, o más de 9 meses en aguas estancadas. También resiste el proceso de ensilado. A pesar de esta alta capacidad de persistir en el medio, sí que es sensible a la luz solar directa o a las altas temperaturas. Map también es capaz de soportar la acción de muchos desinfectantes, pero si que sería sensible al tratamiento con lejía, los cresoles o fenoles, si van diluidos en agua y se tratan las superficies durante al menos 10-15 minutos. 

Esta elevada resistencia en el medio es uno de los problemas en el control de esta enfermedad. Aún así, siempre es recomendable extremar las medidas de limpieza y desinfección, ya que aunque no se consiga eliminar a todas las micobacterias, si que se reduce notablemente la presión de infección y la capacidad de contagio de otros animales.

P. A.: ¿Cuáles son los modos de transmisión?

V. P.: La paratuberculosis es una enfermedad eminentemente digestiva, que provoca una enteritis crónica, que cursa con diarrea. Map está en el intestino, donde se multiplica y provoca lesiones. Es especialmente abundante en los animales en fases clínicas, que muestran diarreas persistentes. Se elimina, fundamentalmente, por las heces. También hay eliminación por el calostro y la leche, pero en mucha menor cantidad. En algunos casos, se ha encontrado transmisión transplacentaria, al haberse aislado Map en órganos genitales de vacas enfermas y en los fetos. Aunque la excreción fecal es mayor en los animales con síntomas visibles, los infectados que aún no presentan signos clínicos, también excretan la bacteria por las heces.

La principal vía de contagio es, sin duda, la fecal-oral, a través de la ingestión de bacterias presentes en el agua, leche o cualquier alimento contaminado con las heces de animales infectados, así como utensilios o instalaciones. Se estima que el mayor número de contagios se produce en animales lactantes, cuando maman de ubres manchadas por las heces infectadas de su propia madre o de otras. Además, en el caso de hembras con signos clínicos, su leche también contendría Map, que puede contagiar a sus crías. 

P. A.: ¿Cómo influye el factor edad sobre la transmisión de la enfermedad?

V. P.: Es uno de los factores claves. Se han hecho diferentes experimentos donde se ha demostrado que son los animales jóvenes, en las primeras semanas de vida, los más susceptibles a contagiarse, aunque la enfermedad no aparezca hasta meses o años después. Los animales lactantes son los que tienen mayor riesgo, y la posibilidad de contagiarse va disminuyendo conforme el animal va creciendo, aunque siga teniendo contacto con bacterias presentes en el medio. Por ello, es en los animales de estas edades cuando se debe tener más cuidado en evitar el contagio, sobre todo si sus madres están enfermas.

Los animales adultos son mucho más resistentes a la infección. De hecho, en infecciones experimentales, en las que a ovejas adultas se les han inoculado por vía oral cantidades muy elevadas de bacterias (muy superiores a las que pueden acceder en condiciones naturales), se ha comprobado que la mayoría ni se infectan, y aquellas que lo hacen, son capaces de resistir y de controlar la infección, de manera que siempre permanece latente, e incluso tiende a desaparecer.

P. A.: ¿Qué otros factores de riesgo facilitan la diseminación y mantenimiento de la enfermedad en la granja?

V. P.: Hay numerosos factores que hay que tener en cuenta en la transmisión de la paratuberculosis. El más importante, es la carga de bacterias que haya en la granja. Cuanto más elevada sea, aumenta la posibilidad de que un mayor número de animales se contagie. Para ello, el principal riesgo es la existencia de individuos enfermos, con signos clínicos, es decir, manifestando diarrea. Estos son los que van a eliminar cantidades muy altas de bacterias, y cuanto antes se eliminen de la granja, mejor. Según esto, las condiciones higiénicas de la explotación también son un factor importante, ya que cuanto menos limpieza, menor frecuencia de cambio de camas, etc., la cantidad de bacterias presentes en el medio será mayor. En este sentido, también se ha señalado que las tasas de infección y de clínica de paratuberculosis son más elevadas en explotaciones de cría intensiva, lo que posiblemente se deba a una mayor presión infectiva por la mayor densidad de animales.

Además de la edad, también hay factores individuales que intervienen en la posibilidad de infección. Se sabe que aunque todos los animales estén en contacto con Map, no todos se infectan ni enferman, por lo que hay una resistencia individual, posiblemente de base genética. Se han propuesto algunos genes candidatos, pero todavía no se conoce su papel con detalle. Se ha señalado que el ganado caprino ofrece una menor resistencia a padecer paratuberculosis que el ovino o el bovino. También se ha descrito que algunas razas son más susceptibles que otras. Por ejemplo, en el caso de las ovejas, habría un mayor porcentaje de animales con síntomas en la raza Merina o sus cruces. En bovino, también se ha señalado que las razas lecheras son más propensas a desarrollar paratuberculosis. 

Como en otras enfermedades contagiosas, un factor fundamental que se debe controlar siempre, es la introducción de nuevos animales en el rebaño. Tienen que proceder de explotaciones conocidas en cuanto a su estado sanitario, porque en muchos rebaños esta ha sido la principal causa de introducción de la paratuberculosis en los mismos.

Si conviven en los mismos pastos diferentes especies de rumiantes, en el caso de ganado extensivo, es posible que la infección por Map se contagie de unas a otras. Sin embargo, hay que tener en cuenta que existen distintas cepas de Map, con cierta predisposición por especies concretas. El grupo de cepas ovinas parece ser propio de esta especie, y las cepas bovinas, que afectarían más a vacas y cabras, no suelen provocar infecciones que lleguen a fases clínicas en ovejas. También en el caso del ganado en extensivo, en algunos países se ha señalado la existencia de posibles reservorios, como los conejos silvestres, que mantendrían y diseminarían la infección por Map en los pastos. 

Oveja con zona perianal manchada como signo de diarrea crónica.
Oveja con zona perianal manchada como signo de diarrea crónica.

P. A.: ¿Cuál es el impacto económico de la paratuberculosis en las explotaciones ovinas y caprinas?

V. P.: Hay un impacto evidente e importante, y es la pérdida de animales que ocasiona la enfermedad. Aunque se infectan a edades jóvenes, suelen enfermar de adultos, a partir de 1-1,5 años. La enfermedad se suele manifestar más intensamente en aquellos que están entre los 3 y 5 años, y es frecuente que la enfermedad se manifieste tras el parto. Son animales que van perdiendo peso progresivamente, y en las fases finales pueden mostrar diarreas que no responden a ningún tratamiento. Estos animales son irrecuperables, aunque en algún momento puedan mejorar transitoriamente, y su capacidad productiva se reduce notablemente. En algunas granjas, pueden llegar a suponer entre un 10-15% anual, teniendo en cuenta que son animales en su mejor época productiva.

Por otro lado, y esto es menos evidente, están los animales subclínicos, es decir, infectados pero que aún no tienen síntomas. En ellos, se ha descrito que hay una disminución en la producción de leche, un menor crecimiento de los corderos, o una mayor predisposición a desarrollar mamitis o problemas reproductivos. Aunque son pérdidas menos visibles, suponen una importante merma económica. 

P. A.: ¿Cuáles son las claves para realizar un buen diagnóstico?

V. P.: Lo principal es conocer bien la enfermedad, y saber de qué procedimientos diagnósticos se dispone, qué ventajas o inconvenientes tienen cada uno de ellos, y qué se quiere diagnosticar: presencia de la enfermedad en el rebaño, el total de animales infectados o poner en evidencia aquellos que tienen más riesgo de enfermar.

P. A.: ¿Qué dificultades presenta el diagnóstico de la paratuberculosis?

V. P.: El diagnóstico clínico de la paratuberculosis, es decir, identificar animales enfermos, con síntomas evidentes, no es complicado. Si se observan ovejas o cabras adultas que van adelgazando de forma progresiva, que suelen aparecer en forma de goteo a lo largo del año, en ocasiones con diarrea, se puede sospechar que hay paratuberculosis, y luego confirmarlo con un análisis serológico o un frotis de heces para ver si se eliminan micobacterias. 

Cabra afectada de paratuberculosis que nuestra un estado avanzado de delgadez.
Cabra afectada de paratuberculosis que nuestra un estado avanzado de delgadez.

El problema del diagnóstico es cuando se quiere detectar cuántos animales están infectados, ya que no hay una prueba fiable que diagnostique a todos. Además, está el inconveniente del precio de algunas de ellas, especialmente en el caso de los pequeños rumiantes. La técnica más utilizada es la serología, que es barata y rápida, pero sólo detecta animales en fases avanzadas de la infección, bien enfermos o que van a enfermar en poco tiempo. Tiene como ventajas su especificidad, que apenas da falsos positivos, y sobre todo que detecta a aquellos animales que excretan más cantidad de bacterias. 

Existen otros procedimientos, como el cultivo o PCR de heces, que permiten saber qué animales están eliminando bacterias y su cantidad, pero no se emplean de forma habitual por su lentitud en tener un resultado, o por el precio. Existen también otras técnicas más precoces para la detección de infectados (prueba del gamma-interferón) que se realizan en sangre, pero que no tienen mucha relevancia práctica, porque en un rebaño con paratuberculosis el número de infectados puede ser elevado, y la mayor parte de ellos no van a manifestar nunca síntomas ni enfermar. Esta prueba podría tener su utilidad cuando se quieren introducir nuevos animales en la granja, para descartar que estén infectados.

Por resumir, lo primero que habría que hacer es conocer si hay o no paratuberculosis. Se puede hacer una estimación del nivel de infección empleando un análisis serológico, teniendo en cuanta de que sólo va a detectar aquellos animales en fases avanzadas de la infección.

P. A.: ¿En qué zonas del territorio está presente esta enfermedad? ¿Dónde se registran las mayores prevalencias?

V. P.: La paratuberculosis es una enfermedad de distribución mundial, que está presente en todos los países donde se crían rumiantes. En España, por lo tanto, también está difundida por todo el territorio. El primer diagnóstico con confirmación de la infección se hizo en ganado ovino de la provincia de León en los años 70 del siglo pasado, y desde entonces se ha ido reconociendo por todo el país. No hay muchos estudios recientes sobre prevalencia, pero los que se han llevado a cabo, señalan que, en la especie ovina, la paratuberculosis está presente en un porcentaje de rebaños que se sitúa entre un 46 o un 85%, según el estudio y las técnicas empleadas. En los trabajos que se han hecho, no parece haber diferencias según las regiones. Algo similar pasaría en el ganado caprino, donde las prevalencias son también altas y cuando la infección está presente, se ha señalado que la presentación clínica suele ser más grave que en el ovino. En los últimos años, la preocupación es creciente por la importancia de la paratuberculosis en otras especies como el ganado vacuno o los ciervos. 

VetiaP. A.: ¿Cuáles son los principales inconvenientes a los que nos enfrentamos para controlar esta enfermedad?

V. P.: A  la hora de abordar el control de la paratuberculosis, hay que tener en cuenta distintos factores de la enfermedad, como la diferente respuesta de los animales a la infección (algunos enferman y otros, aunque infectados, no lo hacen en toda su vida productiva), la inviabilidad de aplicar tratamientos farmacológicos, la elevada resistencia de la bacteria en el medio exterior, el sistema de manejo de la granja y la dificultad de diagnosticar a todos los animales infectados, con las técnicas disponibles en la actualidad. 

Por ello, los procedimientos encaminados a la detección y eliminación de animales infectados, son inviables por la dificultad que entrañan, y el coste económico tan elevado que suponen, teniendo en cuenta que muchos de esos animales infectados, aparentemente, están sanos y producen satisfactoriamente. Aunque es recomendable instaurar medidas de limpieza y desinfección en la granja, para evitar la posibilidad de contagio, por sí solo no es un procedimiento eficaz en el control de la paratuberculosis. La eliminación de animales con signos clínicos (adelgazamiento progresivo y diarrea) es conveniente siempre, porque son los mayores excretores de Map.

En la actualidad, el único sistema eficaz para controlar la paratuberculosis es la vacunación. Se emplea una vacuna inactivada que se administra una única vez en la vida del animal, mediante una inyección subcutánea. La vacunación no previene la infección, es decir, el animal vacunado puede infectarse, pero se consigue que dicha infección no progrese y permanezca en forma latente, sin avanzar hacia formas clínicas, sin que los animales presenten síntomas y, por lo tanto, no se resienta su producción. Con ello se consigue, además, evitar la multiplicación de Map en los animales y su excreción por heces, con lo que se reduce la carga bacteriana en el rebaño y las pérdidas económicas. Se recomienda vacunar a animales jóvenes, a partir de los 3-4 meses (cuando se haya elegido la recría), si bien, en algunos casos de rebaños con mucha prevalencia de paratuberculosis, se ha llegado a vacunar todo el efectivo, independientemente de la edad, consiguiéndose una reducción más rápida de la aparición de nuevos casos clínicos. 

Si bien la vacunación es el procedimiento de control más eficaz, tiene algunos inconvenientes que hay que conocer. Como ya se ha indicado, no previene la infección, por lo que la protección que confiere no es absoluta y alguno (aunque muy pocos) de los animales vacunados puede acabar desarrollando la enfermedad. Por otra parte, una vez que el animal está vacunado, es positivo a las pruebas serológicas, y no se pueden diferenciar, por estos métodos, los individuos infectados de los vacunados. La inoculación de la vacuna provoca la aparición de un nódulo subcutáneo, que puede ulcerarse y, si no se tiene cuidado, puede acabar contaminado por larvas de mosca, etc. Sin embargo, el principal inconveniente de la vacunación frente a paratuberculosis es que provoca reacciones cruzadas con las pruebas de diagnóstico empleadas en las campañas de erradicación de la tuberculosis (tuberculina simple). Este es el motivo de que su uso esté prohibido en la ganado vacuno. En ovino, no hay problema en usar la vacuna, porque es una especie muy resistente a la tuberculosis no sujeta a programas de control. En el ganado caprino, se debe vacunar cuando la paratuberculosis sea un problema en el rebaño porque es el único procedimiento efectivo, pero en aquellas comunidades sujetas a campañas de control de la tuberculosis, debe ponerse en conocimiento de las autoridades sanitarias para actuar en consecuencia cuando se lleve a cabo la tuberculinización. Esta reacción cruzada es más intensa el primer año (especialmente los 6 primeros meses) tras la vacunación, y disminuye con el tiempo. Además, empleando la tuberculinización comparada, se podría discriminar si la reacción positiva encontrada en la prueba simple se debe a la vacunación. A pesar de estos inconvenientes, en pequeños rumiantes la vacunación es, sin ninguna duda, el procedimiento recomendado de control, que ha demostrado su utilidad en repetidas ocasiones, tanto en España como en otros países, como Australia, donde se ha practicado a gran escala en ganado ovino, con resultados altamente satisfactorios en la reducción de la mortalidad debida a paratuberculosis y de las pérdidas económicas asociadas.

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