Titulares

Brotes de infección por BVD tipo 2 en Alemania obligan a la reflexión sobre las campañas de erradicación y control de esta enfermedad

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Susana Astiz Blanco

Dip. ECBHM
Dpto. de Reproducción Animal (INIA)

Enfermedad y agente causal

El virus de la diarrea vírica bovina (VBVD) es un virus RNA, pestivirus, perteneciente a la familia Flaviviridae que comprende, oficialmente, a día de hoy cuatro especies: BVD-1, BVD-2, virus de la peste porcina clásica y el virus de la enfermedad de Border (Becher et al., 2003).

Ambas especies de VBVD son genética y antigénicamente distintas, aunque comparten semejanzas, como que dentro de cada uno de ellos se diferencian dos biotipos, según el comportamiento en cultivos celulares: citopáticos (cp) y no citopáticos (ncp). Hay que aclarar que el biotipo no se relaciona con la virulencia de la enfermedad que desarrollan. De hecho las cepas más patógenas y virulentas, causantes de enfermedad clínica son, en su mayoría ncp (Peterhans y Schweizer, 2010). En general, las infecciones por BVD tipo2 son más virulentas que las de tipo 1.
Se asume que un 60% de los animales que viven en zonas endémicas de BVD no sometidas a programas de control se infectan de manera transitoria en algún momento de sus vidas. La enfermedad de BVD se considera como una de las más importantes para la especie bovina (Gunn et al., 2005), pudiendo dar lugar a una gran variedad de signos clínicos más o menos leves (infertilidad, diarrea, signos clínicos respiratorios) o inducir una infección subclínica (Peterhans et al., 2010). Además, como se atribuye un efecto inmunosupresor al virus, se asocia a las infecciones por BVD un aumento de la incidencia de otras enfermedades como neumonía y mastitis (Berends et al., 2008).

Una vez que los animales infectados por BVD han seroconvertido, quedan protegidos de por vida.

Los biotipos cp provienen exclusivamente de una sobreinfección de animales persistentemente infectados (PI), lo que desencadena un desenlace fatal, con muerte del animal afectado, en el síndrome que conocemos como “enfermedad de las mucosas”. Las infecciones persistentes se originan, principalmente, tras una infección transitoria de una vaca gestante por parte de un virus de BVD ncp, entre el segundo y 4,5 mes de gestación, cuando el feto aún no es inmunocompetente y no reconoce el virus como ajeno. En algunos casos, también se puede originar porque una vaca PI quede gestante, aunque éste es un fenómeno mucho menos frecuente. Los biotipos cp de BVD inducen siempre el desencadenamiento de la respuesta inmune innata, por lo que nunca pueden dar lugar a un PI (Peterhans et al., 2010).

Los animales PI pueden presentar signos clínicos como diarrea intermitente, neumonía, elevada incidencia de infecciones varias, retraso en el crecimiento, por lo que se sospecha de un malfuncionamiento del sistema inmune, quizás debido a una producción crónica de interferón (Ohman et al., 2009). Sin embargo, algunos PIs son normales, incluso llegan a reproducirse, lo que demuestra la inocuidad de algunas de estas infecciones persistentes. Lo que sí hacen ambos PIs es eliminar virus al ambiente en altas cantidades y constituyen la principal fuente epidemiológica de la infección de BVD (Matsuno et al., 2007).

Transcurridos meses, incluso años, el animal PI desarrollará finalmente la enfermedad de las mucosas, que cursa con fiebre, disentería, lesiones en la mucosa oral e interdigital y úlceras en distintas partes de la mucosa digestiva, especialmente en las placas de Peyer. En estos animales se aíslan biotipos cp y ncp genéticamente altamente correlacionados, tanto que se habla de “pares de virus”, pensando que es el ncp el que da lugar al biotipo cp gracias a mutaciones puntuales o a recombinaciones de RNA no homólogo. De ahí la causa de que la inducción experimental de la EM fuera imposible mediante la simple inoculación de biotipos cp de BVD en animales libres de BVD. Estos animales lo que hacen es desencadenar una respuesta inmune eficaz, quedando protegidos frente al BVD del tipo inoculado. De hecho muchas vacunas vivas se basan en la inclusión de cepas cp de BVD, que provocan una respuesta inmune eficaz, sin ser patógenas para el animal (Peterhans et al., 2010).

La infección en fases muy tempranas de gestación (<2m) da lugar a malformaciones congénitas variadas que afectan al sistema nervioso principalmente, pero también a otros sistemas orgánicos. Y finalmente, una primoinfección durante el último tercio de gestación puede dar lugar al nacimiento de terneros seropositivos sanos (han seroconvertido y vencido la infección intrauterina), o bien dar lugar a abortos, prematuros, y/o mortinatos (Matsuno et al., 2007). La enfermedad en animales no gestantes puede ser subclínica, con síntomas leves (infertilidad, diarrea, neumonía leve) o graves. Se han descrito casos, especialmente provocados por infecciones de BVD tipo 2 con alta mortalidad en animales adultos (Carman et al., 1998), aunque en otros casos las infecciones por BVD tipo 2 también han cursado de manera semejante a la del tipo 1 (Matsuno et al., 2007) y viceversa, con casos muy graves citados en infecciones por BVD tipo 1 (Bolin y Grooms, 2004; Matsuno et al., 2007).

Importancia de la enfermedad

Dadas estas circunstancias, la estimación de los costes asociados al BVD es difícil, pero existe un amplio consenso entre los profesoniales y científicos del sector, de que es alto (Heuer et al., 2007), comparable incluso, al provocado por la mastitis (Fourichon et al., 2005).

Por otro lado, la amplísima distribución del virus en los distintos países y en los distintos sistemas de producción bovinos está más que demostrada (Niza-Ribeiro et al., 2005; Hoar et al., 2007). En España también tenemos algunos estudios epidemiológicos realizados, aunque en la mayoría se recogen datos exclusivamente de prevalencia de anticuerpos, sin hacer referencia a la presencia de animales persistentemente infectados (Arnaiz et al., 2012; Eiras et al., 2012). En cualquier caso, la prevalencia de infección es alta.

De manera que muchos países han decidido implantar programas de control de la infección y de la enfermedad (Laureyns et al., 2010). El punto clave ideal de prevención del BVD es evitar la generación de animales PI, ya que son éstos la principal, si no la única, fuente epidemiológicamente importante de la misma (Lindberg and Houe, 2005).

Este hecho se ha refrendado por el éxito de los programas de erradicación implantados en países escandinavos (Rikula et al., 2004) que desarrollaron programas de control destinados a la erradicación de la enfermedad en los que se prohibía el uso de vacunas con el fin de disminuir la prevalencia y detectar las explotaciones con infección activa y facilitar la eliminación de animales PI. A día de hoy otros países han adoptado programas de control, con otras estrategias, pero todas ellas basadas en la detección y eliminación de animales PI (Stalh y Alenius, 2012). Por ejemplo, Austria sigue un programa obligatorio desde 2004, emulando la estrategia seguida por los países escandinavos. Suiza ha adoptado un programa obligatorio nacional desde 2008 con una primera fase de cribado general de antígeno vírico con sacrificio de los PIs. En una segunda fase se van analizando Ag en todos los terneros durante los primeros cinco días del nacimiento. En Holanda, Bélgica, Escocia e Irlanda se han adoptado programas de control a nivel de explotación (no individual), igualmente basados en la detección y eliminación de los PIs (Barret, 2012).

El caso de Alemania, el país con el brote que pasamos a comentar y describir, sigue un estricto programa obligatorio desde 2011, basado en la detección de virus sobre muesca de oreja por ELISA o PCR sobre todos los terneros nacidos en el país. Los animales confirmados se eliminan en un periodo máximo de siete días tras el diagnóstico y por supuesto, el movimiento de los animales positivos y antes del diagnostico está prohibido. Adicionalmente, en las explotaciones libres se recomendaba la vacunación de los animales seronegativos, pero ha sido una práctica que se ha ido abandonando a medida que se avanzaba en la erradicación y se reducía la prevalencia de PIs en el país. De ahí que fuera frecuente que explotaciones declaradas libres de BVD, llevaran ya varios años sin vacunar.
Descripción de casos ocurridos en Alemania

El primer caso detectado ocurrió en el Land de la Renania del Norte-Westfalia (región 1), en febrero de 2012, donde una forma agresiva del virus del BVD produjo un brote, casi simultáneo, en 6 explotaciones de las regiones de Kleve y Viersen. En un lapso de poco tiempo murieron varios animales jóvenes y vacas adultas. Los animales infectados mostraron anorexia, fiebre transitoria, exudado nasal, diarrea y en algunos casos agudos trombocitopenia grave con petequias y hemorragias espontáneas. Animales que se recuperaban sufrieron leucopenia marcada, relacionada con una inmunosupresión y elevación de la incidencia de otras enfermedades secundarias, retrasando el ritmo de crecimiento de los animales más jóvenes y cursando en varios terneros de manera mortal. En todas las explotaciones se observaron igualmente abortos y mortinatos.

Figura 1: mapa político de Alemania, para visualizar la cercanía de los Länder afectados por infección de BVD tipo 2, que fueron Renania del Norte-Westfalia , Sajonia Baja y una explotación holandesa.
Figura 1: mapa político de Alemania, para visualizar la cercanía de los Länder afectados por infección de BVD tipo 2, que fueron Renania del Norte-Westfalia , Sajonia Baja y una explotación holandesa.

Una vez ocurridos los brotes en las 6 explotaciones de vacuno de leche se observó un brote  más de infección, igualmente por BVD tipo 2, en una explotación de cebo, afectada probablemente por la compra de un animal, pero, no proveniente de ninguna de las explotaciones afectadas previamente. En esos momentos, ya se sospechaba de infección en una explotación más en Sajonia Baja (Land colindante con el de Renania), que se confirmó unas semanas posteriores, al igual que otro más en Renania del Norte-Westfalia. Finalmente, a mediados de abril ya había dos explotaciones más afectadas en Sajonia Baja, y una en Holanda suponiendo un total de 10 explotaciones infectadas.

Las explotaciones se precintaron y sus animales fueron inmovilizados totalmente durante meses, hasta que se aseguró el diagnóstico y se instauró el protocolo de vacunación de urgencia.

Actualmente ya es seguro del diagnóstico de BVD-tipo 2, siendo esta especie de virus de BVD mucho más virulento que el hasta ahora conocido tipo 1, al menos en estas regiones alemanas.

Todas estas explotaciones estaban declaradas ya libres de BVD y libres de animales PI y desde hace dos años habían cesado la vacunación frente a BVD.
La procedencia sigue sin estar aclarada. Se barajan posibilidades varias, como el transporte de animales afectados por la zona, la utilización de semen infectado, la circulación de personas que actuaran como vehículos del virus y fueran de explotación en explotación, o contacto con animales salvajes. Se sospecha que todos los casos tengan la misma fuente original de infección.

Desde los primeros momentos, los veterinarios reclamaron el permiso de una vacunación de urgencia con vacunas vivas. En Alemania a día de hoy se dispone de dos marcas de vacuna inactivada y una de vacuna viva, pero todas son específicas para el tipo 1 del BVD aunque los productores de vacunas prometen una inmunidad cruzada de alguna intensidad. Los animales vacunados, enfermarían de manera menos grave ante el BVD tipo 2. De hecho, en las explotaciones afectadas, los animales de más edad, en algunos casos sí habían sido vacunados en años anteriores a la instauración del programa de erradicación y presentaron signos clínicos más leves. Sin embargo, la protección fetal no se puede garantizar en ningún caso., por lo que se cuenta con el nacimiento de terneros PIs en los próximos meses.

Las Autoridades de los distintos Länder y en concreto de los afectados y colindantes han hecho llamamientos claros para mantener todas las medidas de control y erradicación acordadas hasta ahora para el control del BVD (análisis de todos los animales nacidos, mediante la muestra de cartílago de la oreja, análisis de Ag y sacrificio de animales infectados), además de hacer muy especial hincapié en extremar las medidas de bioseguridad y cuarentena (cuando sea imprescindible la introducción de animales, y cuidando que todo el material utilizado en los establos de cuarentena sea exclusivo para el mismo: instrumentos, vehículos, vestimenta, botas….). Igualmente se hace el llamamiento de que todas las explotaciones con abortos, mortinatos o elevación de la mortalidad sean revisados para la detección de BVD.

Unas semanas posteriores a los primeros casos, se estableció la recomendación oficial y subvención de los costes de vacunación recomendando la vacunación de urgencia en las explotaciones afectadas, consistiendo ésta en vacunar con vacuna viva, a todos los animales mayores de 7 días de edad, revacunación al año, y en caso de terneros menores de 6 meses  revacunación a las 3-4 semanas tras la primera dosis (por posible inferencia por Acs maternales de origen calostral). Por otro lado, las explotaciones que quieran proteger a sus animales (sin ser explotaciones afectadas) se les aconseja la vacunación combinada con vacunas inactivadas primero y 3-4 semanas después con vacuna viva. Se aceptan otros protocolos con vacuna inactivada con primovacunación con dos dosis de 3-4 semanas y luego revacunación a los 6m o al año, según indicaciones de la empresa comercializadora.

Los programas de vacunación no se han hecho obligatorios, sino recomendables, a pesar de que algunas opiniones profesionales y científicas lo proponían.

Discusión

Realmente estos casos han provocado un replanteamiento de las características de los programas de erradicación frente a BVD en Alemania, y en otros tantos países de características semejantes como son una alta densidad de animales, y una gran frecuencia de transacciones comerciales que implican transporte, importación y exportación de animales.

Aborto en primer tercio de gestación provocado por la infección por el virus de BVD en una vaca durante el primer tercio de gestación. Foto cortesía de Juanma Loste (Albaikide, S.A.)
Aborto en primer tercio de gestación provocado por la infección por el virus de BVD en una vaca durante el primer tercio de gestación. Foto cortesía de Juanma Loste (Albaikide, S.A.)

Se ha criticado el uso de la vacunación en los programas de erradicación, habiendo quedado prohibida en distintas estrategias. De hecho, se ha probado que su uso crea en el ganadero una falsa sensación de seguridad, resultando negativo para el éxito de los programas de erradicación. Por otro lado, las vacunas actuales, tanto vivas como inactivadas, protegen contra la viremia; sin embargo, en condiciones de campo, aún no han demostrado una eficacia total en la prevención de la infección fetal, necesaria para evitar la circulación viral (Álvarez et al., 2012).

Es obvio, y ha quedado aún más claro ahora, que la implementación de un programa de control de BVD, no tiene ningún sentido sin la adopción de medidas de bioseguridad. Estas medidas, además de las habituales, deben centrarse sobre todo en evitar la introducción de animales PI o de sus portadoras (animales gestantes de un PI). Todos los animales antes de su incorporación a una explotación deberían ser sometidos a pruebas de detección de anticuerpos y antígeno. Sin embargo, se ha demostrado que los anticuerpos calostrales pueden dar lugar a una desaparición de leucocitos infectados con el virus del BVD en animales PI, dando lugar a análisis con resultado negativo (falso negativo!) durante lapsos de tiempo determinados tras el consumo de calostro, especialmente cuando las técnicas utilizadas eran ELISA. La determinación de RNA vírico sobre muesca de cartílago sí parecía mantenerse fiable (Fux y Wolf, 2012).

Ahora bien, los programas de control dan lugar a fallos. En Holanda, cada año ocurren entre un 5 y un 10% de reinfecciones de explotaciones que habían sido declaradas libres de PIs (Verhoef, 2004; Mars and van Maanen, 2005), lo que sugiere que la reintroducción del virus en áreas con alta densidad de animales es muy probable. Incluso en zonas poco cargadas también es fácil la reintroducción del virus de BVD (Mitchell et al., 2005). La epidemiología del virus aún no está totalmente dilucidada. La importancia de los animales con infección aguda (no PIs) aún es motivo de discusión entre científicos. Igualmente la importancia epidemiológica de la vehiculación de la enfermedad por parte de profesionales que visitan varias explotaciones no está clara (Laureyns et al., 2010).

Finalmente,  antes de poder afirmar que se trata de una reinfección, se debería estar seguro de que no se ha dado un PI como un falso negativo. Para solucionar esto, se podría utilizar el genotipado de los virus, ya que si se trata de una reinfección por otro VBVD en una explotación en donde sí se consiguió erradicar el virus, el virus erradicado (el primero) y el que causa la reinfección son distintos, mientras que un fallo diagnóstico (un falso negativo) durante el programa de erradicación demostrará que se trata del mismo genotipo viral (VIlcek et al., 2001; Stähl et al., 2005).

La erradicación del BVD es difícil: es un proceso largo que requiere la colaboración de los ganaderos, veterinarios y autoridades durante un largo periodo de tiempo, y en el que las posibilidades de error se acumulan y van variando según se va reduciendo la prevalencia de PIs (Laureyns et al., 2010). Tras un detallado estudio de revisión y basado en la experiencia práctica en distintos países, Laureyns et al. (2010) recomiendan basar los programas de control y erradicación de BVD en cuatro pilares: medidas de bioseguridad estrictas; eliminación de PIs; monitorización continua y finalmente, vacunación como herramienta complementaria y para garantizar la protección de los animales en caso de reintroducción.

No es fácil decidir estrategias, y es fácil equivocarse, y desde luego, está claro, que hay pocos programas extrapolables de manera universal, ya que la idiosincrasia de los países, de su ganadería y de sus profesionales inciden decisivamente en las posibilidades de éxito de los programas de erradicación.

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