La Bioseguridad como Herramienta para Reducir el Uso de Antibióticos en Producción Porcina

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Alberto Quiles Departamento de Producción Animal. Universidad de Murcia. Campus de Espinardo. 30071-Murcia. quiles@um.es

Mª Luisa Hevia Departamento de Producción Animal. Universidad de Murcia. Campus de Espinardo. 30071-Murcia.

Resumen

El uso profiláctico de antibióticos debe eliminarse, puesto que la prevención de enfermedades debe basarse en adecuadas prácticas de producción animal, entre las que debe figurar el diseño de un programa de bioseguridad.

Los puntos de control, prevención e inspección que se diseñen y desarrollen en los programas de bioseguridad deberían abarcar los siguientes aspectos: localización  y características constructivas de las instalaciones; control visitas y del personal; control de vectores: roedores y moscas; control de la higiene: limpieza y desinfección; control del agua; control del pienso;  control sanitario: cuarentena y profilaxis vacunal; control del semen y control de las deyecciones y cadáveres.

El diseño de un programa de bioseguridad conseguirá reducir considerablemente el uso de antimicrobianos en las explotaciones porcinas al prevenir las enfermedades y su diseminación.

Introducción

La resistencia a los antibióticos se ha convertido en una amenaza para humanos y animales, por lo que es imprescindible promover un uso responsable de los antimicrobianos y reducir la cantidad utilizada de los mismos, con el objetivo de mantener su eficacia para combatir enfermedades bacterianas, tanto en personas como en animales.

La forma más práctica para reducir el uso de antibióticos en la cría de cerdos es por medio de alternativas nutricionales, tal y como expusimos en el artículo titulado “La nutrición como herramienta para reducir el uso de antibióticos en producción porcina” (Producción Animal, nº 300, 2017), o bien mediante prácticas de manejo, que deben ir encaminadas a cubrir las siguientes cuatro actuaciones:

• Prevenir la introducción y diseminación de microorganismos patógenos.

• Mejorar la inmunidad de los cerdos para controlar la exposición o expresión de la enfermedad.

• Reducir el estrés de los cerdos que permite la expresión de la enfermedad, mejorando el bienestar animal.

• Vigilancia diaria de los animales para tratar puntualmente a los cerdos enfermos lo antes posible.

En este contexto las prácticas de bioseguridad deben jugar un papel destacado para intentar disminuir el uso de antibióticos en la cría de cerdos. Así fue puesto de manifiesto por Laanen y cols. (2013) quienes determinaron que a medida que aumentaban las puntuaciones en bioseguridad, tanto externa como interna, se reducía la cantidad de antimicrobianos utilizados, siendo su menor consumo en las explotaciones más modernas, más grandes y con los ganaderos más jóvenes.

La bioseguridad hace referencia  al mantenimiento del medio ambiente libre de microorganismos o, al menos, con una carga mínima que no interfiera con las producciones animales. Así, la bioseguridad se define como el conjunto de prácticas de manejo que van encaminadas a reducir la entrada y transmisión de agentes patógenos y sus vectores en las granjas.

El objetivo de la bioseguridad es la prevención de transmisión de enfermedades y el control de los vectores de transmisión. En este sentido, es necesario diseñar un completo programa de bioseguridad que contemple todas las medidas con el fin de reducir el riesgo y transmisión de patógenos. Estas medidas hacen referencia, no solo, a la higiene de los animales y de las instalaciones; sino, también a todas aquellas medidas encaminadas a proteger a la granja ante cualquier patógeno responsable de  enfermedad (personas, insectos, roedores, animales salvajes, vehículos, agua, pienso, purines, animales muertos, etc.). También hay que tener en cuenta la localización  y características constructivas de las instalaciones, la entrada de animales nuevos y los programas de vacunaciones.

Los puntos de control, prevención e inspección que se diseñen y desarrollen en los programas de bioseguridad deberían abarcar los siguientes aspectos:

Localización y características constructivas de las instalaciones

Las explotaciones porcinas deben mantenerse lo más alejadas posible de centros urbanos, mataderos, basureros, mercados, industria cárnicas, centros de transformación, centros de eliminación de cadáveres, etc.; localizándose en lugares en donde las barreras naturales como colinas, barrancos o bosques pueden actuar como elementos protectores.

Las instalaciones han de estar aisladas del exterior lo más posible, debiendo quedar perfectamente delimitada la zona sucia de la zona limpia. En el paso entre ambas zonas se colocará un pediluvio para la desinfección del calzado. La explotación ha de estar vallada (mínimo  2 m de altura) en todo su perímetro, con tan solo dos entradas, una para el personal de a pie y otra para los vehículos, permaneciendo ambas puertas cerradas durante todo el tiempo.

Control de visitas y del personal

Reducir al mínimo las visitas de personal ajeno a la granja. Evitar la entrada de personas que hayan estado en contacto con cerdos o visitando otras granjas en un periodo anterior a 48-72 horas. Se efectuará un registro de las visitas en el correspondiente libro de vistas (nombre, empresa, cuando estuvo por última vez en contacto con cerdos, objeto de la visita, etc.).

La entrada de todo el personal a la explotación se hará previa ducha, poniendo un especial énfasis en el lavado de pelo y uñas. Al interior de la nave se accederá con ropa y calzado para tal fin, lo más higiénico posible.

Control de vehículos

En la medida de lo posible los vehículos se mantendrán fuera de la valla exterior de la finca, circulando solo por el camino perimetral, circulando por el interior solo los vehículos propios de la finca. La entrada de cualquier vehículo propio o ajeno se hará previa revisión de su higiene y limpieza (en especial los bajos y ruedas) y siempre accederán a través del correspondiente rotaluvio para camiones. Impedir que los conductores de los vehículos ajenos a la explotación entren en el interior de las naves.

Control de vectores: roedores y moscas 

Analizar el tipo de plaga, para localizar aquellos puntos donde sea necesario la vigilancia, el control y la aplicación de medidas de lucha.

Aplicación de medidas preventivas, para evitar la multiplicación descontrolada de la población de roedores y moscas, entre las que deben destacar las medidas higio-sanitarias. Por otra parte, adopción de medidas biológicas, físicas y químicas para controlar la población, es la denominada “lucha integrada”.

Elegir productos químicos de eficacia contrastada, pero que resulten lo menos tóxicos posible para los cerdos. Entre los insecticidas podemos destacar los adultecitas (dimetoato, fentión, fenvalerato, malation, permetrín,  rabón y thiametoxam) y los larvicidas (ciromazina, dimetoato o triclorfón). Los rodenticidas pueden tener efecto anticoagulante como coumaclor, coumatetrail, brodifacoum, bromadiolona, difacinona, clorofacinona, flocoumafen y difenacoum o, bien no anticoagulantes como: brometalina y colecalciferol.

Control de la higiene: limpieza y desinfección

Primero limpiar y después desinfectar. Los estudios demuestran que ambas tareas serán más eficientes cuanto antes se inicien  tras la salida de los cerdos.

Emplear las medidas de limpieza necesarias, utilizar desinfectantes eficaces, cumplir con las concentraciones y tiempos de espera de aplicación recomendados por el fabricante, ya que de lo contrario no se consiguen los efectos deseados, malgastando el tiempo y el dinero.

Es necesaria la retirada de toda la materia fecal sólida adherida a las superficies, ya que su presencia reduce la eficacia de los desinfectantes.

Los principales problemas para la limpieza y desinfección los constituyen los suelos enrejillados, así como los sistemas de ventilación y alimentación.

Los principales errores en las tareas de desinfección se presentan cuando: el espectro de acción del desinfectante no es suficientemente amplio, inadecuada concentración de la solución del desinfectante, cantidad de desinfectante por m2 insuficiente, presencia de suciedad y/o materia orgánica que inactiva al desinfectante, uso mezclado con otros productos que inactivan al desinfectante y tiempo de contacto insuficiente, siendo muy importante respectar los tiempos de secado.

Entre los desinfectantes utilizados podemos destacar: formaldehido (es el desinfectante por excelencia, utilizado mediante fumigación, se encuentra en el mercado en solución acuosa al 35-40%, denominándose formalina);  fenoles (su uso más común incluye saneamiento de equipos y alfombrillas para los pies); amonio cuaternario (tienen alguna acción detergente); yodóforos (son buenos desinfectantes, pero no funcionan bien en presencia de material orgánico); hipocloritos (el más conocido de todos ellos es el hipoclorito sódico o lejía) y peróxidos (el agua oxigenada puede usarse mezclando 30 cc en 100 litros de agua de beber, para desinfectar los bebederos).

Control del agua 

Una práctica muy recomendable es el análisis físico-químico del agua de forma periódica, el cual debería ir acompañado de un análisis microbiológico. A la hora de tomar las muestras se debería dejar correr el agua durante unos minutos a través de los conductos de distribución, de tal manera que la muestra sea lo más representativa posible. Si el análisis va a ser microbiológico se ha de procurar que durante la recogida y el envío de la muestra al laboratorio no exista ningún riesgo de contaminación, para ello se utilizaran siempre envases esterilizados. La periodicidad de estos análisis será cada 4-6 meses, mientras que para los análisis químicos puede ser anual.

Por otra parte, es necesario mantener los depósitos de agua protegidos y limpios, evitando la proliferación de algas y microorganismos y su contaminación por orina de ratones y ratas.  Revisar el sistema de distribución del agua evitando la proliferación de biofilm. Usar tratamientos preventivos como la cloración o el uso de peroxido de hidrógeno cuando se sospeche el origen del agua.

Control del pienso

Los camiones de reparto de pienso deben descargar desde fuera de la valla perimetral. El conductor deberá ponerse calzas de plástico antes de apearse del camión, así como quitárselas antes de subir al camión, esto evitará la contaminación en ambos sentidos.

El papeleo de entrega y recepción del pienso deberá hacerse en un área designada a tal fin, generalmente en la oficina.

Evitar la acumulación del pienso en silos, tolvas o comederos por un tiempo excesivo, sobre todo si la humedad es alta, ya que ello favorece la proliferación de hongos.

Extremarse al máximo las medidas de higiene y limpieza en los silos y nunca guardar el pienso sobrante.

Evitar que las condiciones ambientales (temperatura, humedad y pH) durante el almacenamiento favorezcan la proliferación de microorganismos como la Salmonella.

Control sanitario: cuarentena y profilaxis vacunal

La introducción de animales nuevos a la explotación debe pasar inexorablemente por un periodo de cuarentena que oscilará entre 4 y 10 semanas. Durante este periodo se efectuará el control sanitario de los animales y se favorecerá su adaptación sanitaria. Preferiblemente introducir animales procedentes de un único centro multiplicador con un adecuado programa en buenas prácticas de bioseguridad.

Los animales deben contar con un programa de profilaxis vacunal, teniendo en cuenta el perfil sanitario de la explotación y la situación sanitaria de la zona. La vacunación se hará bajo las máximas condiciones de higiene y asepsia, evitando la vacunación de animales estresados, enfermos y/o malnutridos.

Control del semen

Mantener los verracos en las mejores condiciones higiénicas posibles, renovando la cama periódicamente.  Limpiar y desinfectar la cuadra de recogida frecuentemente, efectuando chequeos bacteriológicos del potro de recogida.

Respecto a la técnica de la inseminación artificial, emplear doble guante para la recogida del semen y mantener unas estrictas normas de higiene en el laboratorio. Si se opta por la adquisición de dosis seminales en centros de selección, efectuar controles serológicos y bacteriológicos del semen, así como vigilancia  de los vehículos y personal de reparto.

Control de las deyecciones y cadáveres

La limpieza de los fosos ha de hacerse de forma segura impidiendo el reflujo de material hacia el interior de las naves. Los sistemas de recogida y tratamiento de los purines deben ubicarse fuera del recinto de la explotación.

Respecto al tratamiento de los cadáveres, el sistema debe garantizar la retirada rápida de los cadáveres y en condiciones higiénicas. El punto de recogida de los cadáveres debe estar situado fuera del perímetro vallado de la explotación. El contenedor debe mantenerse siempre tapado, evitando que los animales salvajes entre en contacto con el mismo.

Conclusiones

Los programas de bioseguridad no deben verse jamás como un coste innecesario e impuesto por los técnicos sino como una inversión con una rentabilidad en el corto y medio plazo y como una de las medidas más eficaces para reducir el uso de antimicrobianos. El programa debe ser flexible, práctico de aplicar y con poder de adaptación. No existe un protocolo de bioseguridad universal pero la bioseguridad comienza con la aplicación del sentido común.

Finalmente, diremos que el éxito de un programa de bioseguridad  depende en gran medida del rigor en su aplicación y de la participación de los trabajadores, para lo cual es requisito fundamental motivar, educar y entrenar al personal. En efecto, el cumplimiento de las medidas de bioseguridad pasa necesariamente por el entrenamiento del personal y por la supervisión de las tareas, evitando lo que nosotros hemos denominado las ocho “ies” de la bioseguridad.

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