Juan Vicente González nos desvela las claves para reducir el uso de antibióticos en los cebaderos de terneros

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Continuando con nuestro especial sobre uso racional de los antibióticos en ganadería hemos tenido la oportunidad de entrevistar a todo un experto en la materia como Juan Vicente González.

Juan Vicente González, director y fundador de TRIALVET Asesoría e Investigación Veterinaria, compartió con nosotros su amplia experiencia práctica en los cebaderos de terneros españoles, poniendo luz sobre la problemática del uso abusivo de los antibióticos en este tipo de explotaciones, aportando algunas claves para hacer un uso más racional de estos fármacos.

Producción Animal: ¿Qué opinión tienen sobre la problemática del uso de antibióticos en ganadería?

Juan Vicente González: Tal y como reflejan los datos europeos de los que disponemos se está haciendo un uso exagerado de los antibióticos. Estamos usando una cantidad de antibióticos muchísimo mayor que el resto de países europeos, y esto no tiene ningún sentido, ya que no tenemos una problemática distinta que justifique un mayor empleo de antibióticos. En definitiva, mi opinión es que efectivamente hacemos un consumo excesivo de los antibióticos y esto es algo que tenemos que cambiar, de hecho sino lo hacemos de motu proprio nos lo impondrá la normativa.

P. A.: ¿Desde su amplia experiencia y visión práctica considera que se ha hecho un mal uso de los antibióticos para suplir deficiencias de manejo, instalaciones, etc.?

J. V. G.: Evidentemente se han aplicado antibióticos de manera masiva para tratar de controlar el síndrome respiratorio, que sin duda alguna tiene en el mal manejo y las instalaciones inadecuadas su principal etiología. Pero también hay quien controlando la etiología ambiental hace un buen uso de los antibióticoas cuando estos son realmente necesarios.

Por citar algún ejemplo de malas prácticas podríamos mencionar la aplicación de tratamientos masivos orales en agua, en leche, en pienso, etc., incluso con combinaciones de diferentes antibióticos.

Evidentemente también tenemos explotaciones, y más concretamente veterinarios, que están trabajando de una manera racional, científica y moderna. Veterinarios que han sido capaces de alejarse notablemente de estas malas prácticas tan arraigadas. Debemos seguir trabajando para que este tipo de veterinarios sean mayoría.

P. A.: ¿Considera que la nueva normativa tendrá un fuerte impacto o las ganadería serán capaces de adaptarse con rapidez? 

J. V. G.: Realmente no creo que se trate de un choque muy fuerte por que este tipo de prácticas basadas en la administración indiscriminada de productos antibióticos es contraproducente. Cuando se aplican tratamientos racionales conseguimos mejores resultados productivos, y por este motivo no me cabe duda que el sector no tardará mucho en ver que es mejor hacer las cosas bien y de forma más racional.

Sabemos, a ciencia cierta, y esto es un hecho ampliamente publicado en la bibliografía científica, que los antibióticos en el agua de bebida, en vez de solucionar los problemas respiratorios más bien los exacerban o cronifican, y por lo tanto cuando se prohíban o se dejen de usar los antibióticos en agua este extremo quedará demostrado desde el punto de vista práctico.

P. A.: ¿Qué utilidad podemos atribuir a la bioseguridad como herramienta para reducir el uso de antibióticos?

J. V. G.:  La verdad es que en el caso del cebo es poco menos que imposible mantener una buena bioseguridad, simple y llanamente por las características intrínsecas de este tipo de producciones.

Si nos fijamos en los cebaderos grandes, aquí y en cualquier otro país, nos encontramos con entradas de animales de muchos orígenes, de forma continua. En estas condiciones resulta imposible implantar protocolos de bioseguridad. A esto se suma que la producción nacional de terneros para cebo no es capaz de cubrir la demanda. Esto implica que deben importarse animales para cebo de otros países. Todos estos factores hacen que no tenga mucho sentido, al menos en los grandes cebaderos, tratar de implementar este tipo de medidas.

Lo que debemos trabajar o mejorar, ya que lo considero muy importante, es el manejo y bienestar animal para mantener el sistema inmune de los animales en las mejores condiciones posibles, y evitar la diseminación de enfermedades, con animales enfermos e inmunodeprimidos que pueden ser fuente de patógenos y de contagio. En el caso de los cebaderos, personalmente, prefiero centrarme más en el bienestar y el manejo que en conceptos de bioseguridad, que en la práctica no vamos a poder aplicar de forma eficiente. Como mucho podríamos hacer la entradas de animales separadas del resto del cebadero o con un cierto orden, pero más allá de esto poco podemos hacer.

Además en nuestras explotaciones tenemos un nivel de sanidad muy alto. Por mi experiencia trabajando en otros países en los que la sanidad general de las explotaciones no es tan buena y hay mucha circulación de patógenos se hace muy importante extremar las medidas de bioseguridad, pero en el caso de nuestras explotaciones mi opinión es que debemos prestar más atención al manejo y bienestar de los animales, ya que los problemas más comunes los ocasionan gérmenes que tenemos ya dentro de las explotaciones.

P. A.: ¿Qué papel tiene la detección temprana como estrategia para la reducción en el uso de antibióticos?

J. V. G.: Evidentemente la detección temprana es muy importante, y si lo unimos a un buen manejo que reduzca el estrés al máximo y optimice la funcionalidad del sistema inmune, vamos a reducir de forma muy importante el número de animales enfermos. Por otro lado, si detectamos muy tempranamente los casos clínicos, especialmente los de síndrome respiratorio, que es la patología reina en los cebaderos, conseguiremos que con una sola aplicación de un antibiótico, realizada de forma adecuada, solucionemos el problema.

El hecho de que no seamos buenos detectando la enfermedad, o no la tratemos adecuadamente, de forma temprana, va a dar lugar a terneros crónicos que van a requerir tratamientos muy prolongados, y que además actuarán como fuente de contagio o reservorio de patógenos. Por lo tanto, es tan importante la detección temprana como la correcta aplicación del tratamiento.

P. A.: ¿Cuáles son las claves para un buen diagnóstico precoz?

J. V. G.:  Seguimos sin tener un sistema “gold standar” de diagnóstico, por ello el buen hacer de los ganaderos, bien preparados y asesorados por los veterinarios, es fundamental en este sentido.

La observación de los signos clásicos de depresión, anorexia, y signos respiratorios como la disnea, secreción nasal y ocular, y posteriormente la fiebre, es un método eficaz para la detección de los animales enfermos.

Hoy día están apareciendo otros métodos, tanto a nivel individual como colectivo, entre los que podemos destacar los podómetros, la auscultación con fonendoscopio electrónico o incluso la ecografía; pero sabemos, por nuestra propia experiencia, que en los cebaderos que cuentan con un buen manejo y un buen entrenamiento de los trabajadores para detectar a los animales enfermos se pueden conseguir resultados excelentes, con un uso muy reducido de antibiótico y unas tasas de curación altísimas.

P. A.: Pone mucho énfasis en la necesidad de una buena formación. ¿En su opinión es necesario incidir más en la formación de ganaderos y operarios?

J. V. G.:  No cabe duda de que la formación es una laguna importante. Se debería trabajar con una sistemática que actualmente no existe en la mayoría de las explotaciones. En general todo mundo tiene nociones de manejo del ganado, pero esos mismos conocimientos si no se estandarizan ni se aplican de una manera sistemática son baldíos y, normalmente, resultan en una detección tardía, dando lugar a la existencia de muchos animales crónicos.

El control de los animales a la entrada a cebadero, y durante los 20 primeros días, debe estar muy protocolizado, con protocolos diseñados conjuntamente entre el veterinario y el propietario, que deberán aplicarse sistemáticamente. Un ventaja de implantar este tipo de protocolos es que los resultados son medibles y por tanto podremos valorar si los protocolos están bien diseñados y si se aplican correctamente.

P. A.: ¿Considera que la implantación de un buen programa vacunal es imprescindible para reducir las medicaciones?

J. V. G.: Evidentemente las vacunas tienen un efecto positivo cuando se aplican bien. El problema es que muchas veces cuando el ternero llega al cebadero no es el mejor momento para vacunar ya que entre un 10% y un 30% de los terneros ya tienen fiebre en el momento de entrar a cebadero. Además están bajo los efectos de diferentes tipos de estrés. En estas circunstancias vacunar no es lo más aconsejable.

Lo ideal sería vacunar en origen. Si esto no es posible tendremos que buscar alternativas, que serán diferentes en función de las características propias de cada explotación. Pero no podemos esperar que las vacunas nos resuelvan el problema al 100%. Aún vacunando seguiremos teniendo problemas de neumonía por las circunstancias intrínsecas de este sistema productivo.

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