cerda-prrs

Evaluación de protocolos de estabilización del PRRS en 23 granjas francesas de ciclo cerrado en una zona de alta densidad porcina

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Pauline Berton1, Valérie Normand1, Guy-Pierre Martineau2, Franck Bouchet1, Arnaud Lebret1 y Agnès Waret-Szkuta2

1. Porc. Spective, Grupo Veterinario Chene Vert Conseil, Noyal-Pontivy, Francia.

2. IHAP, Université de Toulouse, INRA, ENVT, Toulouse, Francia.

Introducción

El objetivo de este estudio fue evaluar si la combinación de la vacunación en sábana de cerdas y sus lechones con una vacuna viva modificada (MLV) del genotipo I, con cierre temporal a la introducción de animales de reemplazo y un flujo unidireccional de animales y personal puede resultar en la producción de lechones PRRSV negativos al destete. El estudio se llevó a cabo en granjas francesas de ciclo cerrado ubicadas en una zona de alta densidad porcina, en la que la enfermedad afecta a más del 60% de las explotaciones y sólo se han detectado cepas estrechamente relacionadas con el genotipo I. Se seleccionaron veintitrés granjas de 100 a 700 madres, en ciclo cerrado, entre 2005 y 2014, independientemente de su nivel de bioseguridad.

Presentación del caso

Selección del rebaño

Una asociación de veterinarios que comparten estándares de diagnóstico, control y seguimiento de PRRSV seleccionó 23 granjas de ciclo cerrado, ubicadas en la Bretaña francesa, para ser incluidas en un protocolo de estabilización que se realizó entre los años 2005 y 2014. Las bases para su inclusión fueron la buena disposición de los ganaderos para participar en este estudio y el diagnóstico de la granja como inestable. El diagnóstico se basó en el análisis de signos clínicos asociados a PRRS y la realización de pruebas de laboratorio: en el caso de no haberse utilizado con anterioridad una vacuna MLV frente a PRRS la serología realizada a las cerdas sirvió como confirmación de la sospecha clínica; en el caso de haberse utilizado una vacuna MLV se recurrió a pruebas de RT-PCR (PCR en tiempo real) y la secuenciación de la cepa salvaje de muestras de sangre de lechones al destete.

Muestra del estudio

El tamaño de los rebaños osciló entre 100 y 700 cerdas, con una media de 384 cerdas (IC 95%: 326–442) (Tabla 1). Los rebaños estudiados tenían instaurado un sistema de manejo por lotes con parideras programadas cada 1, 2, 3, 4, 5 y 7 semanas. Las parideras cada 3 semanas, con destete a los 28 días de edad, fue el manejo más frecuente (16 de las 23 granjas). La mayoría de los productores compraron semen (91%, n=21) de verracos monitorizados serológicamente (PRRSV negativos), y 2 explotaciones recolectaban el semen en la propia granja. Mientras que en 8 granjas, de forma esporádica, se recurría a la monta natural.

 

Tabla 1. Características de las granjas incluidas en el estudio
Tabla 1. Características de las granjas incluidas en el estudio

Nivel de bioseguridad

Los niveles iniciales de bioseguridad de las granjas no resultaron determinantes. Para su inclusión en el protocolo fueron clasificados por un veterinario como altos, medios o bajos, basándose en la organización y manejo de las instalaciones y sobre las observaciones y conversaciones mantenidas con el ganadero durante las visitas veterinarias a las granjas.

Las explotaciones se calificaron como de alta bioseguridad cuando las instalaciones contasen con una separación entre las cerdas y el post-destete/cebo y cuando el ganadero respetaba un único sentido de circulación de personas y animales desde las zonas libres hasta las zonas contaminadas, (flujo unidireccional) con diferentes prendas de vestir para cada zona. Además, no debe producirse mezcla de lotes y debe cumplirse un manejo todo-dentro/todo-fuera. Si se incumple alguno de estos requisitos el nivel de bioseguridad de la granja pasa a ser medio, y si se incumplen 2 o más requisitos el nivel de bioseguridad pasa a ser bajo. Por ejemplo, una granja en la que el productor no cumple con el flujo unidireccional de personas y animales, utiliza material común y lleva la misma ropa en la zona de maternidad y cebo, y no realiza una limpieza y desinfección sistemática entre cada lote, tendrá un nivel de bioseguridad bajo.

Protocolo de estabilización

Las granjas sometidas a este estudio implementaron el siguiente protocolo:

• Vacunación en sábana, al mismo tiempo, para todas las reproductoras al inicio del protocolo (día 0) y 1 mes después. La vacunación se llevó a cabo en un intervalo de 16-20 semanas, dependiendo del manejo de la granja.

• Cierre del rebaño, lo que significa que no hay introducción de nulíparas en, al menos, 8 semanas después de la implementación de la primera vacunación en sábana. A la finalización del cierre de la manada, sólo se introdujeron nulíparas naïve y verracos provenientes de rebaños PRRS negativos.

• Posteriormente las nulíparas naïve y los verracos fueron vacunados, en cuarentena, dos veces en el intervalo de un mes.

Paralelamente se implementaron las siguientes medidas en el caso de los lechones:

• Al comienzo del protocolo (día 0) vacunación en sábana de todos los lechones destetados de 21 ó 28 días (dependiendo de la edad al destete) a 70 días (antes de la entrada en lotes de acabado) en un intervalo de dos veces al mes que fue realizado simultáneamente con las cerdas. La vacunación en sábana del cebo (desde los 70 días de edad hasta el sacrificio) no fue obligatoria, sino que dependía del objetivo del ganadero y de los factores que pudieran aumentar o reducir las probabilidades de éxito del protocolo, como la configuración de las instalaciones, el estado sanitario global de la granja y el nivel de confianza del veterinario en el cumplimiento de las medidas de bioseguridad por parte del productor.

• Adicionalmente se realizó la vacunación lote a lote al destete y 3 ó 4 semanas después, dependiendo del manejo de los lotes.

El número de lotes de lechones vacunados, en general, fue coincidente a un ciclo de producción. Sin embargo, este número podría ser más alto o más bajo en función de los objetivos y factores del ganadero que pudieran aumentar o reducir las probabilidades de éxito del protocolo, como la configuración de las instalaciones, el estado sanitario global de la granja y el nivel de confianza en el cumplimiento de las medidas de bioseguridad.

En todos los casos se utilizo la vacuna MLV del genotipo I PORCILIS® PRRS (similar a Lelystad, cepa DV, MSD Animal Health, Boxmeer, Países Bajos), incluidas las cerditas naïve y los verracos en cuarentena después de finalizado el cierre del rebaño.

A lo largo del protocolo, se implementaron estrictas medidas de bioseguridad interna, incluyendo el flujo unidireccional de personas y animales, limpieza y desinfección de instalaciones, prohibición de la monta natural y uso de una aguja por cerda y una aguja por cada 10 cerdos. El grado de cumplimiento de estas medidas de bioseguridad fue evaluado en base a las prácticas que los productores se comprometieron a seguir y la supervisión por parte del veterinario en sus visitas a la granja. Durante el tiempo que duró el protocolo se realizaron, al menos, dos visitas de seguimiento.

La finalización de la vacunación lote a lote de los lechones marcó el final del protocolo de estabilización dando paso a un calendario de monitorización. La figura 1 representa un ejemplo de un protocolo de estabilización con el programa de partos franceses más frecuentemente utilizado [1].

Figura 1. Cronología (en semanas) de un protocolo de estabilización con calendario de partos cada tres semanas.
Figura 1. Cronología (en semanas) de un protocolo de estabilización con calendario de partos cada tres semanas.

Dieciocho granjas acordaron también vacunar en sábana a todos los animales presentes en el cebo al mismo tiempo que las cerdas y lechones (Día 0) para maximizar la probabilidad de éxito del protocolo de acuerdo a su nivel de bioseguridad (Tabla 1). En una granja (granja 19), la fase de cebo sólo fue parcialmente vacunada; un cerdo aislado del resto en un corral que fue testetado como negativo al comienzo del estudio no fue vacunado.

Seguimiento de la estabilización

Se implementó un sistema de seguimiento en dos pasos después de finalizar la vacunación lote a lote de los lechones[ 2].

Paso 1: Control de la transmisión del virus de las cerdas a sus lechones: Se recurrió a RT-PCR (QIamp® Viral RNA Mini Kit, Qiagen, y ADI132-100 – Adiavet PRRSV EU/NA RT 100R) para analizar muestras de sangre de 1 a 3 lotes sucesivos, según el tamaño de la granja. En cada lote se utilizó una muestra de conveniencia de 30 lechones al destete, con cada lechón perteneciente a una camada diferente. Los sueros se agruparon en muestras de 3 ó 5 (los pools de 3 muestras se usaron hasta 2011, momento en el que se validó el método de pools de 5 muestras, utilizado por cuestiones de costes).

Paso 2: Seguimiento de las nulíparas centinela no vacunadas, que fueron introducidas a la llegada en el rebaño de cerdas (lotes de gestación y de inseminación), con contacto directo con las cerdas, en una relación de 1 nulípara centinela por cada 100 cerdas. La sangre de esas cerdas jóvenes fue muestreada cada 2 semanas, durante 8 semanas, y testeada serológicamente (Herdcheck PRRS x3). En el caso de resultado positivo, se realizó un análisis sistemático por RT-PCR de esos sueros. El seguimiento se inició, necesariamente, al menos 11 semanas después de la última vacunación en sábana de las cerdas, para evitar contaminación por la cepa vacunal. Al final del periodo de seguimiento, las cerdas centinelas fueron vacunadas dos veces, con 4 semanas de diferencia, con PORCILIS® PRRS.

En el caso de un resultado positivo por RT-PCR, se procedió a la secuenciación de ORF7 o ORF5 para distinguir la cepa vacunal de la cepa salvaje. La secuenciación de ORF7 era la única herramienta disponible en Francia hasta 2012. Posteriormente, la secuenciación de ORF5 fue implementada por razones de costes.

Cada día de muestreo, se realizó una evaluación clínica por observación de los animales y conversación con el ganadero, buscando indicios clínicos compatibles con PRRS (baja tasa de fertilidad o prolificidad, alta tasa de lechones nacidos muertos y trastornos respiratorios en el cebo, entre otros signos). Además, durante las visitas para la toma de muestras se evaluó el cumplimiento de las recomendaciones de bioseguridad

Resultados

La tabla 2 presenta los resultados para cada granja. En las granjas 1, 2, 3, 6, 8, 9, 11, 12, 15, 17, 19, 20, 21 y 22, todos los PCR y las pruebas serológicas fueron negativas.

Tabla 2. Resultados clínicos y laboratoriales
Tabla 2. Resultados clínicos y laboratoriales

Cinco granjas arrojaron resultados positivos por RT-PCR en el destete. En la granja 13, una cepa vacunal 100% homóloga a la cepa vacunal de referencia se identificó mediante el mapeo de ORF7. En las granjas 5, 1, 18 y 23 se identificaron cepas salvajes de PRRSV.

En las granjas 4, 7, 10 y 16, durante el seguimiento se detectó que las cerdas centinela eran seropositivas. Se realizaron pruebas de RT-PCR de estas cerdas, resultando todas las muestras negativas. Por lo tanto, no se pudo realizar comparaciones entre cepas.

La adhesión a las recomendaciones de bioseguridad fue respetada en todas las granjas, excepto en la granja 5 (no desinfección de los corrales, ni cambio de ropa del personal entre las instalaciones de maternidad y cebo). En las granjas 14, 18 y 23, las recomendaciones fueron parcialmente respetadas (el flujo de animales y personas no fue respetado en todos los casos).

No se observaron signos clínicos que sugieran la presencia de PRRS, excepto en la granja 5, donde se observaron pérdidas elevadas, trastornos respiratorios, y baja fertilidad y prolificidad.

Al final del período de control, 15 granjas fueron consideradas estables. En la granja 5, el incumplimiento de las normas sobre el flujo de personas y animales, y el incumplimiento del calendario de vacunación llevaron a la persistencia del virus durante todo el protocolo, así como la aparición de signos clínicos. Por lo tanto, está granja permaneció inestable a pesar de los esfuerzos realizados.

En las granjas 14, 18 y 23, los resultados positivos tempranos en la lechonera revelaron fallos de bioseguridad. Sin embargo, dado que no hubo signos clínicos y los resultados productivos mejoraron desde el comienzo de la aplicación del protocolo, se acordó ampliar el número de lotes de lechones vacunados (3, 5 y 5 lotes de lechones vacunados de las granjas 14, 18 y 23, respectivamente). Esto permitió a las 3 granjas ser consideradas estables en la segunda tanda de monitorización, incluyendo otra muestra de lechones destetados y nulíparas centinela.

En granjas con cerdas centinelas seropositivas ( 4, 7, 10, 16), todos los sueros muestreados se analizaron por RT-PCR; sin embargo, los resultados fueron negativos, por lo que no hubo posibilidad de identificar el virus. Además, los rendimientos productivos de esas granjas mejoraron y no hubo clínica. Se determinó que en la granja 16 las cerdas centinelas se habían introducido menos de 10 semanas después de la última vacunación en sábana del rebaño. En las granjas 4 y 7, las cerditas centinela habían estado accidentalmente en contacto directo con animales recién vacunados. En la granja 10 sólo una muestra de suero fue positiva, pero la relación S/P se mantuvo sin cambios durante todo el periodo de seguimiento y ninguna otra cerdita centinela se convirtió en seropositiva a pesar de su proximidad. En esas 4 granjas, 10 cerdos de engorde se sangraron para la realización de pruebas serológicas mensuales, desde los 70 días de edad hasta el sacrificio, pero no mostrando circulación de PRRSV en los cerdos de engorde (en las granjas 7 y 10, este seguimiento se repitió por segunda vez, por su sistema de producción por lotes con partos cada 2 semanas, y los resultados también fueron negativos esta segunda vez). Adicionalmente se realizaron pruebas ELISA 1 año después a 15 cerdos a la edad de sacrificio con resultados negativos. Por otra parte, en la granja 7, dos lotes de 30 lechones recién destetados se testaron mediante RT-PCR con motivo de la realización de otro estudio diferente, y los resultados se mantuvieron negativos. Las 4 granjas fueron declaradas estables.

Conclusiones

Se decreto la estabilidad en 15 granjas en las que el seguimiento de los lechones al destete y las cerditas centinela mostraron la ausencia de circulación de PRRSV. En una de las granjas el fracaso del protocolo de estabilización fue evidente, concurriendo la identificación de una cepa salvaje en lechones y signos clínicos asociados a PRRSV. La inobservancia de las medidas de bioseguridad provocada por la falta de compromiso del ganadero podría explicar la causa de este fracaso. En 3 granjas, en las que el flujo de personas y animales no fue escrupulosamente respetado, deberían extender los protocolos de vacunación otro ciclo productivo más. Estos 4 casos resaltan la importancia de la motivación de los ganaderos en la implementación de los protocolos y de la vigilancia por parte del veterinario para garantizar que se respetan las imprescindibles medidas de bioseguridad. En las últimas 4 granjas se observó exposición, pero no circulación de PRRSV, y el uso de herramientas de diagnóstico podría proporcionar información adicional sobre sí prevaleció la cepa salvaje o vacunal. Las pruebas serológicas extendidas en los cebos concomitantes con la monitorización de la estabilización y las pruebas serológicas posteriores de los cerdos a la edad de sacrificio, en combinación con los buenos resultados productivos y la ausencia de signos clínicos, permitieron concluir que esas 4 granjas eran estables.

La vacunación de las unidades de cebo el año de implementación del protocolo de estabilización y el tamaño del rebaño no parecen predecir el éxito de la estabilización, contrariamente a lo que sucede con a la adhesión a las medidas de bioseguridad. Este seguimiento y sus conclusiones se enfrentan a una limitación, dado que no hubo muestreo aleatorio, el número de los animales muestreados fue arbitrario, y las interferencias por cepa vacunal podría complicar los diagnósticos. Como no existe la prueba de laboratorio perfecta, ambos estudios realizados en Estados Unidos y nuestra propia experiencia nos lleva a considerar que este seguimiento, junto con evaluaciones clínicas, epidemiológicas y la evolución de los rendimientos productivos deben ser tenidos en consideración en aquellos casos en los que las herramientas de diagnóstico no son capaces de proporcionarnos una información clara.

De este estudio de campo se desprenden tres conclusiones muy interesantes:

  • Primero, las medidas tomadas parecen acertadas ya que parece ser que han permitido la estabilización de la mayoría de las granjas (n=19). Los resultados por RT-PCR en las granjas al destete resaltan la importancia de la implantación de estrictas medidas de bioseguridad y respeto de los calendarios vacunales.
  • Segundo, combinando 3 herramientas de diagnóstico (ELISA, RT-PCR y secuenciación de ORF7 /ORF5), en nuestro contexto, podemos obtener una imagen clara del estado de estabilidad de una granja, tal y como ha quedado demostrado en EE.UU.[2], aunque sus recomendaciones no pudieron seguirse completamente[2, 3, 4] debido a limitaciones prácticas y de costes.

Finalmente, este estudio refleja el hecho de que es posible estabilizar una granja independientemente de su tamaño, localización o sistema de manejo.

Combinando la vacunación de cerdas y sus lechones con una vacuna MLV genotipo I, junto con el cierre de la granja y un flujo de personas y animales unidireccional parece ser, en última instancia, eficiente en granjas de ciclo cerrado, incluso en área de alta densidad porcina como la Bretaña francesa, más aún teniendo en cuenta que las cepas francesas de PRRS están estrechamente relacionadas entre sí. Este protocolo puede ser una gran oportunidad para zonas de producción porcina en las que la enfermedad es endémica, cualquiera que sea el tipo de granja. Uno puede imaginar fácilmente un plan regional de estabilización en el que el componente más importante es la motivación, tanto de los ganaderos como de los veterinarios.

Este artículo es el primer estudio europeo en incluir un número tan alto de granjas, y la gran fiabilidad de los resultados obtenidos mediante el uso de  ORF7 y ORF5 como herramientas de secuenciación[ 10].

Bibliografía

1. Batista L. Porcine reproductive and respiratory syndrome diagnostics in the breeding herd: Back to the basics. J Swine Health Prod. 2005;13:96–9.

2. Ridremont R, Lebret A. Validation of a mass vaccination protocol with a PRRS modified live vaccine to stabilize french breeding herds. Copenhagen:

Proceedings of the 19th IPVS Congress; 2006. p. 4.

3. Roguet C. Pig and pork production in France. Nantes: Proceedings of the 7th European Symposium of Porcine Health Management; 2015. p. 36–9.

4. Holtkamp DJ, Polson DD, Torremorell M, Morrison B, Classen DM, Becton L, Henry S, Rodibaugh MT, Rowland RR, Snelson H, Straw B, Yeske P,Zimmerman J. Terminology for classifying swine herds by porcine reproductive and respiratory syndrome virus status. J Swine Health Prod. 2011;19(1):44–56.

Este artículo es un resumen del trabajo original publicado, bajo el título original de  “Evaluation of porcine reproductive and respiratory syndrome stabilization protocols in 23 French Farrow-to-finish farms located in a high-density swine area”,  en Porcine Health Management (2017) 3:11 DOI 10.1186/s40813-017-0058-1

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