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Bioseguridad en Explotaciones Bovinas de Leche: Implantación de un Plan, Riesgos y Medidas

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Dafne Diana Lavilla-Núñez, Ignacio Ferre, Luis Miguel Ortega-Mora

Grupo de investigación SALUVET. Facultad de Veterinaria. Universidad Complutense de Madrid.

Resumen

[dropcap]C[/dropcap]on el fin de la cuota láctea se estima que el número de granjas de leche siga disminuyendo, pero que el número medio de vacas por explotación aumente. Esto es debido a que las explotaciones más grandes y rentables tienen más opciones de sobrevivir en un mercado cada vez más global y competitivo. Con esta tendencia, la bioseguridad ha ido cobrando importancia como instrumento para la prevención y control de enfermedades transmisibles, principalmente aquellas ampliamente distribuidas y que provocan grandes pérdidas económicas. Disponer de un plan de bioseguridad en las explotaciones tiene importantes beneficios al incidir directamente en la entrada y difusión de enfermedades transmisibles, mejorar la productividad y el bienestar animal, reducir las pérdidas que suponen la entrada de estos agentes y mejorar la seguridad alimentaria mediante el control de las zoonosis. Para llevar a cabo un plan de bioseguridad es conveniente realizar un análisis de riesgos e irlo revisando periódicamente. Los principales riesgos de introducción y propagación de enfermedades son debidos al contacto directo entre animales y al contacto indirecto por medio de las visitas, vehículos, materiales, equipos y residuos. Aunque hay recomendaciones generales, para que el ganadero controle los riesgos y aplique correctamente las medidas de bioseguridad, es necesario seleccionarlas según las características de la explotación y sus posibilidades económicas. Mejorar la bioseguridad requiere de un esfuerzo humano y económico, pero su aplicación no solo promete beneficios para los ganaderos, sino también para la salud pública y la economía del país.

Introducción

El sector vacuno, según el Ministerio de Agricultura y Pesca, Alimentación y Medio Ambiente, ocupa el segundo puesto en importancia económica dentro del ámbito ganadero, por detrás del sector porcino. España ocupa el noveno lugar en cuanto a la producción de leche respecto al resto de países europeos, produciendo algo más del 3% del total.

La entrada de España en la Unión Europea (UE) en 1986 supuso un cambio para el sector lácteo, ya que la producción pasó a estar regulada por la cuota láctea. El sistema de regulación de la producción láctea fue suprimido en la UE el 31 de marzo de 2015 tras tres décadas vigente; y, a partir de ese momento, es el mercado quien determina cuanta leche se produce en la UE. Desde el fin de la cuota láctea, la producción de leche en España ha ido en progresivo aumento y se prevé que siga aumentando, mientras que los precios han disminuido y se estima que sufrirán grandes oscilaciones. El número de explotaciones en España se ha ido reduciendo paulatinamente, aunque el número medio de vacas lecheras por explotación haya crecido y se espera que siga esta tendencia. Esto es debido, a que las granjas que sobreviven en un mercado global cada vez más competitivo son aquellas más grandes, de carácter industrial, que se encuentran en regiones accesibles y que tienen un mayor desarrollo tecnológico y mejores estándares sanitarios y de calidad.

Con la globalización del mercado, surge una preocupación por reforzar la prevención y actuar rápido frente a las enfermedades transmisibles para impedir que éstas se propaguen y reducir así, posibles riesgos para la salud pública y pérdidas económicas y sociales. La tendencia a granjas cada vez más productivas y con más animales y la globalización del mercado, está fomentando la prevención frente a la curación y está dando más importancia a la bioseguridad y al desarrollo de programas sanitarios para la prevención y control de enfermedades transmisibles en las explotaciones ganaderas. La bioseguridad incluye las medidas preventivas que se llevan a cabo para minimizar el ingreso (bioexclusión o bioseguridad externa) y la propagación (biocontención o bioseguridad interna) de enfermedades transmisibles en las explotaciones ganaderas.

El interés por la bioseguridad ha aumentado en las explotaciones de ganado vacuno europeas tras la aparición de enfermedades como la encefalopatía espongiforme bovina o la fiebre aftosa, las cuales produjeron grandes pérdidas animales y económicas. Pero también por el incremento de las resistencias microbianas y por la falta de legislación por parte de las administraciones para controlar enfermedades ampliamente distribuidas y que originan importantes pérdidas productivas y económicas, como la diarrea vírica bovina (DVB) o la rinotraqueítis infecciosa bovina (IBR).

El número de trabajos científicos publicados sobre bioseguridad ha aumentado, especialmente, en la última década. El objetivo de muchos de ellos es investigar las medidas de bioseguridad existentes en las explotaciones ganaderas (Tabla 1).

 

Tabla 1. Estudios científicos publicados sobre las medidas de bioseguridad en las explotaciones bovinas europeas
Tabla 1. Estudios científicos publicados sobre las medidas de bioseguridad en las
explotaciones bovinas europeas

La mayoría de los estudios señalan que las medidas de bioseguridad existentes en las granjas son mejorables, encontrando diferencias entre especies (hay mejores medidas de bioseguridad en las explotaciones de porcino que en las de bovino y ovino) y en el tamaño del rebaño (las explotaciones grandes suelen tener mejor bioseguridad que las pequeñas). Otros estudios investigan la motivación, percepción y opinión de los ganaderos y veterinarios respecto a la implantación de medidas de bioseguridad (Tabla 2). En ellos, se deduce que es esencial una buena comunicación entre los ganaderos y veterinarios, que se disponga de información suficiente sobre los riesgos, las medidas de bioseguridad y sus beneficios y sugieren que debe considerarse el empleo de incentivos para involucrar a los productores en las prácticas de bioseguridad. La información obtenida de los estudios científicos ayudará a conocer el nivel de bioseguridad y riesgos existentes y a desarrollar programas de control de enfermedades y de bioseguridad con el objetivo de mejorar la sanidad animal de las explotaciones, regiones y países.

Tabla 2. Estudios científicos publicados sobre las motivaciones, percepciones y opiniones de los ganaderos y veterinarios para implantar medidas de bioseguridad en las explotaciones bovinas europeas
Tabla 2. Estudios científicos publicados sobre las motivaciones, percepciones y opiniones
de los ganaderos y veterinarios para implantar medidas de bioseguridad en las
explotaciones bovinas europeas

¿Cómo poner en marcha un plan de bioseguridad? 

Los programas de bioseguridad deben ser específicos de cada explotación, aunque haya unas recomendaciones generales. Para implementar un programa de bioseguridad es necesario realizar un análisis del riesgo (Figura 1), que consta de tres fases: evaluación, gestión y comunicación del riesgo.

Figura 1. Fases del análisis de riesgos para poner en marcha un plan de bioseguridad
Figura 1. Fases del análisis de riesgos para poner en marcha un plan de bioseguridad

El análisis de riesgos comienza por una evaluación del riesgo con el objetivo de conocer la situación de la explotación y decidir qué enfermedades se quieren prevenir y/o controlar, priorizando en aquellas que afectan a la producción y reproducción, como DVB, IBR, neosporosis o mastitis, entre otras. Para ello hay que estudiar y conocer:

• Las enfermedades presentes en la explotación y en la región y las enfermedades que potencialmente podrían ser introducidas. Es necesario llevar una vigilancia de las enfermedades de riesgo para poder actuar lo más rápidamente posible cuando aparezca una enfermedad inexistente anteriormente o veamos un aumento de las existentes, modificando, si fuera necesario, el plan de bioseguridad.  Además, habrá que llevar un registro de los parámetros sanitarios, productivos y reproductivos de los animales (animales enfermos, tratamientos curativos y profilácticos, muertes, abortos, datos de producción) para conocer la situación de la explotación y poder analizar las tendencias a lo largo del tiempo.

• Las consecuencias sanitarias y económicas que tienen o podrían tener en la explotación la presencia de las enfermedades de riesgo.

• Las vías por las que los animales podrían exponerse a los patógenos y cómo se transmiten y se mantienen en la explotación.

• El tipo de sistema productivo y sus características.

• Las medidas de bioseguridad que se aplican.

• Los recursos económicos de la explotación.

Una vez que conozcamos la situación de la explotación y el riesgo, habrá que realizar una gestión del riesgo, eligiendo los métodos de prevención y control más convenientes acorde con las posibilidades económicas de la granja y a sus características. Algunas medidas de bioseguridad tendrán más importancia que otras dependiendo de las características de cada explotación, el sistema productivo y qué enfermedades queramos prevenir y/o controlar. Las medidas a implantar y los potenciales riesgos sanitarios no serán los mismos en explotaciones intensivas que en otras con salida a pasto.

Por último, es imprescindible realizar una buena comunicación del riesgo y del plan de bioseguridad adoptado tanto al ganadero como a todas las personas que visitan la explotación para que lo conozcan y lo apliquen correctamente. Aunque el plan de bioseguridad tiene que implantarlo el ganadero con la ayuda del veterinario, todas las personas que tengan contacto con la explotación son partícipes de conseguir y mantener el nivel de bioseguridad acordado en el plan.

El programa de bioseguridad habrá que revisarlo e ir adaptándolo a la situación de la explotación, teniendo siempre presente que debe estar acorde con las posibilidades económicas de la granja y ser fácilmente adaptable a sus características específicas. 

Medidas de bioseguridad 

Para que un animal enferme es necesaria la interacción entre el agente, el hospedador (en este caso la vaca) y el ambiente, que se denomina triada ecológica de la enfermedad. Los agentes infecciosos son necesarios, pero su presencia no siempre es suficiente para causar enfermedad. La inmunidad de los animales y las condiciones ambientales son imprescindibles en el desarrollo de la enfermedad. Aplicando medidas de bioseguridad podremos mejorar el ambiente y la inmunidad de los animales, reduciendo la presencia de agentes transmisibles y las consecuencias sanitarias y económicas que provocan, además de aumentar el bienestar animal y la calidad de los productos obtenidos.

Podemos agrupar los riesgos en dos grupos:

Riesgos relacionados con el contacto directo con animales debidos a la adquisición de nuevos animales, al uso de pastos comunales y/o a la ausencia de un adecuado vallado (contacto con ganado de otras explotaciones o con animales silvestres), a la reintroducción de animales en la explotación después de haber estado en pastos comunales, ferias, mercados o concursos y a la presencia de animales domésticos u otras especies de ganado en la explotación.

Riesgos relacionados con el contacto indirecto a través de las visitas, vehículos, materiales, equipos y residuos. Las visitas que suponen un mayor riesgo son aquellas personas que entran en contacto directo con los animales y las que visitan diferentes granjas y los vehículos de transporte de animales, cadáveres y residuos.

A continuación expondremos las principales medidas de bioseguridad que pueden llevarse a cabo para prevenir o minimizar los principales riesgos en las explotaciones lecheras (Tabla 3).

Tabla 3. Principales riesgos de introducción y propagación de enfermedades transmisibles en las explotaciones de vacuno de leche
Tabla 3. Principales riesgos de introducción y
propagación de enfermedades transmisibles en las
explotaciones de vacuno de leche

Adquisición de nuevos animales 

Uno de los mayores riesgos de entrada de patógenos en las explotaciones es con la adquisición de nuevos animales que sean portadores de enfermedades. Por ello, la medida de bioexclusión más eficaz es el mantenimiento del rebaño cerrado, que consiste en:

• No comprar animales.

• No compartir animales, instalaciones ni equipos con otros ganaderos.

•No llevar a los animales a concursos, ferias o mercados.

• No sacar a los animales a pastos comunales.

• Albergar sólo vacas en la explotación.

• Tener un vallado perimetral que impida el contacto de los animales a ambos lados.

Por norma general, es necesario incorporar nuevos animales al rebaño, pero se pueden tomar medidas para minimizar los riesgos:

• Aumentar la tasa de reposición propia.

• Comprar animales de granjas con estado sanitario conocido y libres de las enfermedades de nuestro interés.

• Evitar comprar animales de mercados de ganado y mediante intermediarios.

• Realizar pruebas diagnósticas a los animales antes de entrar en la explotación.

• Comprar animales vírgenes y vacas no gestantes. Si se compran hembras gestantes, existe el riesgo de introducir enfermedades que se transmiten por vía transplacentaria al feto, como DVB o neosporosis. En estos casos, las hembras deben estar apartadas del resto del rebaño hasta que se hagan pruebas diagnósticas a los terneros nacidos.

• Si se compran vacas en lactación, mantenerlas durante al menos un mes separadas del resto de hembras en lactación y ordeñarlas en el último grupo (aunque lo ideal sería que no compartiesen instalaciones de ordeño).

• Minimizar el número de animales comprados y la frecuencia de las adquisiciones.

• Realizar cuarentenas de al menos 3-4 semanas en una zona de la granja que evite el contacto con los animales de la explotación y la contaminación cruzada a través de los residuos animales. Para ello, serían necesarias instalaciones diferentes y apartadas para alojar a estos animales, además de disponer de equipos, ropa y botas de uso único en ellas y que los animales en cuarentena sean atendidos por el personal de la granja después de haber atendido al resto de animales de la explotación (aunque lo ideal sería que hubiera personal que solo se dedicara a los animales en cuarentena). Se puede aprovechar este periodo para realizar pruebas diagnósticas y aplicar tratamientos profilácticos (vacunaciones y desparasitaciones), además de observar clínicamente a los animales. Evitar usar como zonas de cuarentena la sala de partos y el lazareto/enfermería y utilizar un sistema “todo dentro/todo fuera”.

• Tener registros de los animales que entran y salen de la explotación y de los movimientos de los animales dentro de la explotación.

• Dentro de la explotación es importante separar a los animales según su fase productiva y su edad y atender primero a los animales jóvenes, seguido de los adultos y por último a los animales enfermos y los que estén en cuarentena.

En el caso de llevar animales a ferias, mercados o concursos o sacar algunos animales a pastoreo en pastos comunales y reintroducirlos de nuevo en el rebaño habrá que aplicar medidas, ya que estas actividades representan un riesgo de entrada de enfermedades. Sería conveniente minimizar estas actividades de riesgo, dejar a estos animales en cuarentena y realizar pruebas diagnósticas.

Contacto con otros animales

El contacto con animales externos a la explotación, sean domésticos o silvestres, representa una vía de entrada de agentes patógenos al rebaño. Para evitar el contacto con otros rebaños o fauna silvestre, la mejor medida de bioseguridad es disponer de un vallado, principalmente para prevenir las enfermedades de transmisión aérea, como DVB o IBR. En esos casos, habrá que evitar el contacto nariz-nariz a través de la valla mediante un doble vallado o un vallado eléctrico y una distancia de al menos tres metros entre el rebaño y el exterior. También se puede optar por inmunizar a los animales y en zonas con alta densidad de bovino implantar programas regionales de control de enfermedades. La bioseguridad mejora y se hace más económica si varias explotaciones de una zona realizan planes regionales conjuntos y se declaran libres de ciertas enfermedades.

En el caso de tener de una granja mixta con distintas especies de ganado, hay que evitar que tengan contacto entre ellas y hay que tener instalaciones diferentes y apartadas, vallado, equipos, ropa y botas diferentes y, si fuera posible, personal diferente para cada especie.

En cuanto al contacto con perros, lo conveniente sería que no estuvieran en la explotación, ya que pueden ser portadores de enfermedades como la neosporosis, propagadores mecánicos indirectos y fuentes de estrés para los animales de granja. Cuando no se pueda evitar su presencia, hay que impedir que entren en contacto con el ganado y que defequen, orinen y críen en el alimento, agua y camas; además de asegurarse de que están correctamente vacunados y desparasitados.

No hay que olvidarse de establecer programas DDD (desratización, desinsectación y desinfección) en las instalaciones y evitar la acumulación de basura, utensilios, objetos y vegetación alrededor de los edificios, ya que los roedores e insectos son portadores de enfermedades y provocan pérdidas de alimento. Las aves también son portadores de enfermedades y producen pérdidas de alimentos, pero su control es muy complicado. Habrá que evitar que tengan acceso a la comida, limitar los posibles lugares de nidación en la granja y ahuyentarlas.

Visitas, vehículos y equipos 

Los vehículos, las visitas y los equipos también pueden propagar enfermedades y deben tomarse medidas al respecto. Las visitas suponen un riesgo de entrada de patógenos por medio del contacto con las manos, ropa, botas, equipos y vehículos, principalmente aquellas que entran en contacto con los animales y visitan diferentes explotaciones. Este riesgo puede controlarse a través de unas buenas prácticas de higiene que el ganadero debe transmitir a las visitas y de unas instalaciones adecuadas:

• Disponer de un vallado completo que rodee todas las instalaciones de la granja y mantener la puerta de acceso permanentemente cerrada. También sería recomendable que hubiera un vado/arco sanitario en buen estado en la entrada.

• Minimizar las visitas a las estrictamente necesarias.

• Las visitas solo entrarán en contacto con los animales cuando sea necesario.

• Disponer de una oficina donde recibir a las visitas. Si es posible, lo recomendable es que esté cerca de la entrada y alejada de los animales.

• Proporcionar a las visitas guantes, ropa limpia y botas propias de la granja o calzas y ropa desechable. En caso de no disponer de ropa y botas para las visitas, asegurarse que las que traigan estén limpias (sin restos orgánicos).

• Disponer de puntos de agua, jabón y desinfectante y asegurarse de que las visitas se lavan las manos y limpian y desinfectan las botas y el equipo utilizado.

• Si es posible, disponer en la explotación del material de uso clínico más común como termómetro, fonendoscopio, etc.

• No permitir la entrada de vehículos, principalmente aquellos que transporten  animales, alimentos, cadáveres y residuos, y facilitar que puedan realizar la carga y descarga desde el exterior (disponer los silos de pienso cerca del vallado exterior) y disponer de una zona de carga y descarga para los animales. En el caso de los vehículos que transportan leche, es casi inevitable que entren dentro de la explotación, pero habrá que intentar que tengan el menor contacto posible con las zonas donde están los animales.

• Para los vehículos que ingresen en la explotación, disponer de un parking y/o impedir que los vehículos lleguen hasta los alojamientos de los animales. Lo principal es que los vehículos que entren en la explotación no circulen por las zonas donde se alojan y transitan los animales.

• Llevar un registro de los vehículos y personas que acceden a la explotación.

Cadáveres y residuos 

Los cadáveres deben retirarse lo antes posible y ser depositados en contenedores cerrados situados en el exterior de la explotación para que los camiones de recogida no entren en el interior de la explotación (son vehículos de alto riesgo). En cuanto a los residuos deben almacenarse apartados de los animales y en lugares de fácil recogida.

Agua y alimentación 

El agua usada en la explotación debe tener unas cualidades mínimas para el consumo. Hay que realizar análisis físico-químicos y microbiológicos periódicos de los pozos y aguas superficiales o abastecerse de aguas municipales.

Los alimentos deben comprarse a proveedores de confianza que dispongan de sistemas de calidad. Una vez en la explotación, deben almacenarse en zonas específicas, libres de humedad y que eviten la entrada de animales (roedores, aves, animales domésticos). Si los animales pastorean hay que evitar que lo hagan en pastos comunales, disponer de un vallado que impida el contacto físico con animales externos a la explotación y realizar controles de parásitos para establecer un buen plan de desparasitación.

Además de las medidas expuestas, para conseguir un adecuado nivel de bioseguridad y una buena sanidad y bienestar animal, es necesario disponer de un plan sanitario (vacunaciones y desparasitaciones), una rutina de limpieza y desinfección de las instalaciones y un buen manejo de los animales para reducir al máximo su estrés. Los cambios de hábitos no suponen un coste y solo requieren tiempo para cambiar las rutinas de trabajo. Sin embargo, las instalaciones y el vallado, aunque son medidas fundamentales para conseguir un buen manejo de los animales y controlar las enfermedades, son caras y es complicado adaptar granjas antiguas que no han sido diseñadas pensando en la bioseguridad.

Beneficios

Debido a que las medidas de bioseguridad las aplican los ganaderos, estos deben entender cómo se introducen y propagan las enfermedades, las consecuencias de la entrada de agentes patógenos y la importancia, beneficios y riesgos de aplicar o no medidas de bioseguridad. En caso contrario, las medidas propuestas se verán como un gasto innecesario y no se aplicarán o se aplicarán inadecuadamente. La gran cantidad de recomendaciones existentes sobre bioseguridad puede llevar a confundir al productor y que éste no elija las medidas más adecuadas y efectivas para su explotación. Los veterinarios deben estar formados en todos los aspectos de la bioseguridad para poder informar y motivar al ganadero, ya que los estudios indican que los veterinarios son la principal fuente de información para los ganaderos en materia de bioseguridad.

Realizando un análisis DAFO (Tabla 4) podemos mostrar las dificultades y los beneficios de implantar un plan de bioseguridad. A pesar de la inversión inicial económica y de tiempo para adaptar las nuevas medidas de bioseguridad a la explotación, estas tendrán beneficios importantes como la reducción de las pérdidas que suponen la entrada de agentes infecciosos (aumento de muertes animales, gastos en reemplazos, costes veterinarios y pérdidas de producción), mayor eficiencia productiva, incremento del bienestar animal, mejora en la respuesta inmunitaria tras la vacunación y una mayor satisfacción personal del ganadero. Además, mejorar la sanidad animal puede traer oportunidades de comercio, principalmente si la explotación se declara libre de ciertas enfermedades. La mejora de la bioseguridad en la granja, especialmente en aquellas con peor bioseguridad, fomenta la mejora de la bioseguridad nacional y, por tanto, mejora la imagen del sector en la sociedad y el comercio internacional. Por ello, es imprescindible que los países aprueben e incentiven políticas en bioseguridad para ayudar y motivar a los ganaderos a aplicar planes de bioseguridad y de control de enfermedades. Estos planes son más efectivos y económicos si se realizan con extensión regional y/o nacional.

Tabla 4. Análisis DAFO de la puesta en marcha de un plan de bioseguridad en las explotaciones bovinas
Tabla 4. Análisis DAFO de la puesta en marcha de un plan de bioseguridad en las explotaciones bovinas

Aunque la eficacia de la bioseguridad no es fácilmente observable, como sí sucede con el tratamiento de una enfermedad, conseguir una buena bioseguridad en las explotaciones es una inversión, ya que las medidas preventivas son más rentables que las curativas; y más aún en la actualidad, que se busca reducir costes de producción y conseguir estándares de calidad y sanitarios altos y las granjas son cada vez más intensivas y tienen un número mayor de animales.

La mejora de la bioseguridad es beneficiosa para el ganadero al proteger la sanidad de sus animales y reducir los costes económicos, para la sociedad al incrementar la seguridad alimentaria y disminuir las enfermedades zoonóticas y para la economía nacional al garantizar el acceso al comercio internacional. 

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